Estados Unidos
Los comentarios sobre el primer discurso del presidente Barack Obama desde la Oficina Oval llegaron muy pronto y fueron muy duros.
En los blogs, en los programas de noticias por cable, en los sitios Web de revistas, en los periódicos matutinos, el veredicto menos de doce horas después fue casi unánime: el discurso del martes por la noche sobre el derrame de petróleo en el golfo de México fue pedante, vago y poco interesante. En suma, un desperdicio de oportunidad. "Es el primer discurso de Obama que vapulean los comentaristas", señaló Mike Allen en PolÃtico Playbook.
Pero, ¿qué tiene? ¿Realmente importa perder a los expertos?
Hubo una época en que los estadounidenses buscaban la opinión de los grandes comentaristas para tratar de evaluar las noticias más recientes procedentes de la capital. Esto contribuÃa a moldear la opinión pública.
Pero rastrear las influencias en la opinión pública se ha vuelto una tarea en extremo complicada ahora que el otrora exclusivo club ha abierto sus puertas a las multitudes que bloguean, tuitean o que opinan en lÃnea de alguna otra manera. Y que algunos de ellos ofrecen análisis al instante por televisión. Obama apenas habÃa iniciado su discurso cuando ya varios comentaristas lo estaban analizando en Twitter.
No es sólo el número de comentaristas o la abundancia de plataformas lo que ha ido diluyendo la influencia de los medios tradicionales, sino sobre todo su velocidad. Y en este caso, las opiniones se estuvieron ofreciendo a tal velocidad que muchas de ellas ya parecÃan rancias a la mañana siguiente.
Los cambios
"Las cosas se han expandido mucho", aseguró Dennis Ryerson, editor de The Indianapolis Star. "Hace cuarenta años, los periódicos publicaban artÃculos de opinión de columnistas, la mayorÃa de los cuales vivÃan en Washington. TenÃan muchos seguidores y disfrutaban de amplio respeto. Pero ahora, cualquier con una computadora barata puede convertirse en columnista o experto. La definición ha cambiado. Ahora hay más gente en el juego.
"Ninguno de los comentaristas nacionales le dio cuartel a Obama", agregó. "Asà que me sorprendà hoy al ver una encuesta que mostraba que el Ãndice de aprobación de Obama no varió gran cosa. No sé si alguien haya averiguado el efecto del nuevo orden informativo cuando existen por ahà tantas opiniones." Martin Kaplan, director del Centro Norman Lear de la Escuela de Comunicación y Periodismo Annenberg de la Universidad de California del Sur, declaró: "Creo que el impacto más fuerte de los comentaristas es en los demás comentaristas de Washington." Kaplan agregó que si Keith Olbermann, comentarista de MSNBC, estaba molesto por "lo que contuvo o no contuvo el discurso de Obama, entonces eso afecta a todas las personas que están contratando a un orador invitado o formulando un artÃculo". Pero advirtió: "Pienso que el impacto de las diversas creencias generales en Washington es mucho menor, pues ahora hay muchos más lugares a los cuales dirigirse".
Las cosas se complican también por la desconfianza en los medios informativos: está en su punto más alto de todos los tiempos. Muchos estadounidenses simplemente suponen que cualquier persona a la que leen en la prensa o ven en televisión tiene una tendencia polÃtica.
Los duros comentarios sobre el discurso de Obama quizá tengan algún efecto en los conceptos populares.
Pero la historia enseña que el veredicto público definitivo por lo general es muy diferente del análisis instantáneo. En un caso de reciente memoria, muchos expertos aseguraron que el senador John McCain habÃa ganado el segundo debate presidencial con Obama, análisis que pronto fue desacreditado por las encuestas en las que se les preguntó a los ciudadanos quién habÃa ganado. En este ambiente de sobrecarga de opiniones, es más probable que la gente base sus opiniones en lo que realmente puede ver, señala Stanley Greenberg, encuestador demócrata. El discurso de Obama en la Oficina Oval parecÃa ya un lejano recuerdo al dÃa siguiente, cuando el presidente anunció que habÃa obligado a BP a apartar un fondo de 20,000 millones de dólares para cubrir las pérdidas causadas por el derrame.
Y parecÃa aun más distante, cuando Joe Barton, representante republicano de Texas, se vio obligado a disculparse por haber dicho que BP habÃa sido sometida a una extorsión de 20,000 millones de dólares.
"No me impresiona el papel de los expertos en la formación de la opinión pública", aseguró Greenberg. "Simplemente no tengo ninguna evidencia de que los expertos la influyan.