Estados Unidos
Supongamos que efectivamente hubiera minerales en el subsuelo de Afganistán por un valor de un billón de dólares, como afirmaron tanto funcionarios estadounidenses como un memorando confidencial del Pentágono.
¿Eso es bueno, ya sea para Afganistán o para Estados Unidos?
Según expertos en minerÃa y en polÃtica de recursos del Tercer Mundo, no necesariamente es bueno.
Ya que una mina requiere hasta veinte años para empezar a generar ganancias, y ya que Afganistán ha sido un campo de batalla desde hace 31 años, "ninguna compañÃa minera en sus cabales se meterÃa ahora en Afganistán", explica Murray W. Hitzman, profesor de geologÃa económica en la Escuela de MinerÃa de Colorado.
El tesoro del subsuelo del paÃs "será bueno para los caciques y será bueno para China, pero no para los afganos ni para Estados Unidos", prevé Michael T. Klare, profesor de estudios de la paz y de seguridad mundial en Hampshire College, en Massachusetts, y autor de "Resource Wars" y "Blood and Oil".
La tendencia histórica apoya ese escepticismo. Los grandes imperios del mundo se construyeron gracias a minas de oro, no encima de ellas. Han sido los paÃses poco bendecidos con recursos naturales, pero con un sistema polÃtico unificado y feroces navÃos los que han saqueado a los grandes paÃses feudales de calles pavimentadas con rubÃes.
España y Portugal, en la árida penÃnsula Ibérica, extrajeron el oro y la plata de América; la diminuta Holanda dominó a la extensa Indonesia. Gran Bretaña, sin recursos excepto por el carbón, levantó un enorme almacén imperial de granos, maderas, algodón, té, tabaco, opio, piedras preciosas, plata y esclavos. Japón, menos de un siglo después de la época de las armaduras de bambú, conquistó buena parte de China por su hierro y su carbón. La era poscolonial no ha sido fácil para los paÃses carentes de recursos naturales.
"Los paÃses con antecedentes de conflictos resienten efectos perversos por la riquezas minerales: más guerra, mayor corrupción, menos democracia y más desigualdades", explica Terry Lynn Karl, profesora de ciencias polÃticas en Stanford y autora de The Paradox of Plenty, obra que muestra que la población de los paÃses pobres por lo general empobrece aun más cuando se descubre petróleo en su suelo, cosa que beneficia sólo a una pequeña élite, como sucedió en Nigeria.
Desde hace tiempo los geólogos han sabido que Afganistán tiene enormes yacimientos de cobre, hierro, oro, cobalto y litio, elemento vital para las baterÃas modernas, entre muchos otros minerales. Un memorando interno del Pentágono señala que Afganistán podrÃa convertirse en "la Arabia Saudita del litio".
Optimismo
Pero algunos expertos piensan que esa declaración sobre el litio peca de optimismo y que Arabia Saudita no es el mejor ejemplo de lo que la riqueza súbita puede hacer por un paÃs pobre. Ese reino y los emiratos circundantes tienen una población pequeña, regida por familias poderosas y muy unidas. Y la penÃnsula Arábiga es llana, abierta y fácil de vigilar en tiempos de crisis, como lo demostró la guerra para expulsar de Kuwait a Saddam Hussein.
Afganistán, explica Klare, se parece más a la República Democrática del Congo, que tiene enormes recursos de diamantes y coltán, un mineral imprescindible en la electrónica moderna. Los dos paÃses están llenos de tribus en pugna, su población es analfabeta, el gobierno es corrupto y en muchas áreas rigen despiadados caciques.