Iraq
Las negociaciones actuales son una prueba de la resistencia de esa aritmética.
El vicepresidente Tariq al Hashimi ha pedido que la presidencia recaiga en un sunita.
¿Por qué debe reservarse para un kurdo?, se preguntó. Los kurdos, por su parte, han insistido en que debe regresar su candidato, Jalal Talabani. El puesto de presidente del parlamento, ocupado actualmente por un sunita, es el menos prestigioso y nadie lo quiere.
Y además está el cargo de primer ministro, que todos esperan que siga en manos de la mayorÃa chiita, aunque no de cualquier chiita.
La lista encabezada por Ayad Allawi, un chiita laico, ganó el mayor número de asientos, aunque obtuvo buena parte de su apoyo en las regiones sunnitas; el vicepresidente Adel Abdul Mahdi, su amigo y contendiente por el cargo, lo llamó "el representante de los sunitas".
"No les corresponde a los sunitas decidir quién es el primer ministro", aseguró Al Shahbandar, aliado del primer ministro Nouri al Maliki. "Saben que ese puesto no es para ellos.
Conocen el juego polÃtico. Las cuotas, muy lamentablemente, siguen prevaleciendo". Hace unos años, un grupo civil promovió una campaña publicitaria en el LÃbano, paÃs famosos por ser sede de 18 sectas, donde el presidente es tradicionalmente católico maronita, el primer ministro sunita y el presidente del parlamento, chiita.
En carteles y en la prensa, los anuncios contenÃan una dosis de farsa que no parecÃa tan absurda: lecciones de cocina para ortodoxos griegos, edificios en venta para drusos, peluqueros para católicos armenios, una agencia de modelos que buscaba "un hermoso rostro chiita".
En la parte de abajo, el cartel decÃa en inglés: "Paremos al sectarismo antes de que éste nos pare a nosotros", y en árabe, más concisamente: "La ciudadanÃa no es el sectarismo". No todos entendieron el chiste, quizá porque los afectaba muy de cerca.
Algunos defienden el sistema de cuotas diciendo que ofrece protección a las minorÃas en una región con pésimos antecedentes en su trato.
Y en efecto, los sunitas siempre tendrán asegurado uno de los principales cargos de Irak, aunque constituyan una minorÃa. ç
Pero a otros les preocupa que esa fórmula ponga en duda la noción misma de ciudadanÃa, en la que los lÃderes comunitarios, más que nacionales, representarÃan a sus bases en negociaciones que podrÃan servir a fines egoÃstas.
Eso es lo que suele suceder en el LÃbano. Y podrÃa suceder también en Irak, en un ambiente en el que los lÃderes parecen inclinados a repartirse el botÃn sectario y étnico, mientras Bagdad vive con unas cuantas horas de electricidad al dÃa bajo un calor de más de 40 grados.
Nadie habla por la nación de Irak. Quizá porque realmente no exista. "Habrá un poco para todos, probablemente", asegura Ryan C. Crocker, ex embajador estadounidense en Irak.
"Va a ser bastante incluyente entre las élites. Pero las promesas que se hacen, los acuerdos a los que se está llegando en realidad no van a implicar ningún compromiso de mejorar la vida del pueblo iraquÃ. "Eso no está en la transacción de la polÃtica iraquÃ", concluyó.