Cuba
El disidente Guillermo Fariñas, que realizó una huelga de hambre y con alimentación artificial de 134 días, regresó a su casa ayer, con la meta de dedicarle tiempo a su hija, escribir y esperar a ver si el gobierno cubano libera los 52 presos políticos.
Fariñas dijo sentirse "disminuido físicamente, con mucho dolor en el cuello por el trombo y dificultades al andar y bien de ánimo", expresó en conversación telefónica desde su casa de Santa Clara, a unos 300 kilómetros al este de la capital.
Agregó que la primera semana la "dedicaré a mi hija, Diosángeles de 8 años, y después volver a escribir... artículos y libros".
El disidente comenzó una huelga de hambre en febrero durante la cual rechazó comer o beber, pero aceptó la hidratación y alimentación por vía venosa.
El activista pedía la liberación de una decena de presos políticos que se encontraban enfermos.
Depuso su protesta el 8 de julio y tomó su primer vaso de agua, en respuesta al anuncio de liberaciones de reos políticos tras las negociaciones entre el gobierno de Cuba, la Iglesia Católica de la isla y el canciller español Miguel Ángel Moratinos.
Desde entonces 20 presos políticos fueron liberados y viajaron a España con sus familiares, en tanto uno recibió una visa humanitaria del gobierno de Estados Unidos y el miércoles llegó a Miami para recibir tratamiento médico.
"Nos alegramos de las liberaciones, pero nos hubiese gustado que no fueran (directamente) de la prisión al aeropuerto, que pasaran por sus hogares", señaló Fariñas. Sin embargo, admitió que "a veces en las negociaciones hay que ceder".
Precisó que "su ayuno fue pospuesto" hasta el 7 de noviembre, fecha en que se vence el plazo dado por el gobierno para liberar a los 52 reos políticos.
"Hay que ver si se cumplen los objetivos, quedan varios presos políticos que decidieron no irse (de Cuba) y no están liberados. Hay que esperar a ver si el gobierno cumple o si solo buscó disminuir tensiones", subrayó el opositor.