Estados Unidos
Hay un impulso nativista debajo de este tipo de llamados políticos, y no es nada nuevo. Quizá surja más de la naturaleza humana que de cualquier defecto de la idiosincracia estadounidense.
Cuando sentimos que está en peligro nuestra forma de vida, tendemos a mirar con ojos recelosos a todos aquellos que encarnan al otro. En diversos momentos, a lo largo de toda nuestra historia, cuando se divisaba la percepción de una amenaza en contra del orden establecido de las cosas, hemos buscado claridad en la cuestión de quién pertenece plenamente a nuestra sociedad y quién no.
No Sé Nada
A veces, la amenaza ha sido económica o cultural. A mediados del siglo XIX, por ejemplo, se dio el auge del Partido Americano, más conocido como los "No sé nada", pues esa era su respuesta cuando se les preguntaba a sus miembros acerca de sus actividades, que se empeñaban en mantener en secreto.
Como nosotros ahora, ellos se enfrentaron a una sociedad en rápida evolución, con una economía transformada por el advenimiento del ferrocarril y ese curioso trasto llamado telégrafo.
"Si nuestra condición estuviera derrapando, y nuestro abuelo hubiera sido un general en la guerra de independencia, pero ahora no tuviéramos acceso a las nuevas riquezas, quizá sentiríamos que nuestro país se está yendo a la ruina", explicó Ted Widmer, historiador de la Universidad Brown y autor de un libro sobre esa época.