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Cuando los famosos se mezclan con atroces

Campbell declaró que, antes de esa cena, ella nunca había oído hablar ni de Taylor ni de Liberia.
21.08.10 - Actualizado: 21.08.10 08:48pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Londres,

Reino Unido

En las últimas semanas, una imagen de archivo ha creado gran conmoción, planteando preguntas sobre la celebridad y la justicia y dónde pueden interseptarse estas dos vertientes.

La imagen es una fotografía que muestra a los principales invitados de una cena de beneficencia ofrecida por Nelson Mandela en septiembre de 1997 en la residencia presidencial de Pretoria, Sudáfrica. Se trata de un abanico muy dispar de personas con pretensiones a la fama: la actriz estadounidense Mia Farrow; Imran Khan, ex jugador de crícket y político paquistaní; Quincy Jones, empresario musical estadounidense; Graca Machel, quien poco después de ese convivio sería la esposa de Mandela.

Pero ahora todos los reflectores se concentran en otros dos de los personajes presentes: Charles Taylor, entonces presidente de Liberia y ahora en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra en el tribunal de La Haya, y Naomi Campbell, la súper modelo que, en el juicio contra Taylor, rindió el testimonio de haber recibido un paquete de diamantes en bruto después de esa famosa cena, sin saber quién se los había enviado.

Taylor niega toda responsabilidad en el baño de sangre que cobró 200,000 vidas en Sierra Leona, país vecino de Liberia, y se declaró inocente de los once cargos de inculpación, entre ellos asesinato, secuestro, violación y el reclutamiento de niños para que combatieran como soldados. También niega haber participado en el tráfico de los llamados diamantes sangrientos.

Pese a toda su importancia, este juicio había sido relativamente ignorado en los medios, hasta que Naomi Campbell, Mia Farrow y la ex agente de Campbell, Carole White, presentaron sus respectivos testimonios este mes.

Fue una mezcla incongruente de diamantes, brutalidad y fama. Una adaptación de "El Corazón de las Tinieblas" hecha en la revista People.

¿Y de dónde vino este escalofrío de brillo y horror? La respuesta se encuentra en la sonriente fotografía de 1997 y del hombre que ocupa el centro: Nelson Mandela, el puente entre el glamur occidental y un continente que no ha alcanzado su propia rectitud moral.

"Toda ésta era gente decente", comentó el alcalde de Londres, Boris Johnson, en la columna periodística. "Entonces, a nombre de qué diablos estaba sentada ahí a cenar con el señor Charles Taylor?"

La oficina de Mandela se rehusó a responder a esa pregunta. Pero algunos testigos de la fiscalía declararon que Machel se sentía incómoda por la presencia de Taylor y dijo que se suponía que él no iba a estar presente en la cena.

Por su parte, Campbell declaró que, antes de esa cena, ella nunca había oído hablar ni de Taylor ni de Liberia. Pero seguramente Mandela sí.

Gente que le conoce el modo a Mandela dice que él no habría visto nada malo en agasajar a un presidente recién electo. La solidaridad africana a veces supera a la indignación de los extranjeros, como han descubierto los desconcertados extranjeros en el amplio apoyo ofrecido al dictatorial presidente Robert Mugabe de Zimbabue por algunos de sus pares del continente.

Así, en cierto modo, la presencia de Campbell, Farrow y White no fue una distracción en el juicio, como trató de sugerir la defensa de Taylor. Más bien, su relato de los eventos arrojó luz en las ambigüedades de la diplomacia africana.

Y quizá sobre algo más. La celebridad es la piedra filosofal de nuestros tiempos y convierte la escoria en oro, transforma en eventos que de otro modo estarían condenados a la obscuridad en ocasiones dignas de un cuento de hadas.

Al aparecer en el juicio de Taylor, Campbell espolvorea su polvo de estrellas en unas audiencias que no sé lo hablan del ex gobernante de Liberia.

"El juicio de Charles Taylor es un intento por establecer el principio de que no habrá impunidad para los crímenes de guerra de esta escala y de tan horripilante naturaleza", explicó Richard Dowden, director de la Real Sociedad Africana en Londres.

"Combinada con la guerra civil en la vecina Liberia, de 1989 a 2003", precisó Dowden, "la guerra de Sierra Leona rivaliza con el genocidio de Ruanda como el último y más espantoso conflicto mundial del siglo XX".

Y quizá, muy apropiadamente, la misma celebridad resulte ser un arma de dos filos. Difícilmente podría decirse que Campbell salió de la sala de audiencias bañada en la aclamación universal.

Ella dijo que su asistencia había sido "un gran inconveniente", si bien después trató de retractarse de esa evaluación. Pero hizo que los demás se preguntaran sobre el choque de valores --brillo contra substancia, justicia contra farándula-- que ha surgido de la cultura de la información tachonada de estrellas.

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La actriz Naomi Campbell cuando testificaba en el tribunal de la ONU que juzga los crímenes de guerra en Sierra Leona.
La actriz Naomi Campbell cuando testificaba en el tribunal de la ONU que juzga los crímenes de guerra en Sierra Leona.

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