Estados Unidos
Cuando las últimas tropas estadounidenses oficialmente designadas para combate salieron de Irak, las cámaras de televisión captaron el júbilo de un soldado que finalmente regresaba a casa.
"¡Ganamos!", gritó. "¡Se acabó!, ¡Estados Unidos: llevamos la democracia a Irak!"
Esto, naturalmente, plantea una pregunta interesante y provocativa: ¿En verdad ganamos? Siete años más tarde, después de toda la sangre derramada, después de todas las bombas en los caminos y las luchas entre sectas, después de todo el terror y los tormentos, ¿realmente ganó Estados Unidos la guerra en Irak?
Ese soldado tenía razón en que Estados Unidos depuso a un dictador y llevó la democracia a Irak; una democracia rudimentaria, aún en proceso, en cierta medida disfuncional, que todavía tiene que establecer un gobierno seis meses después de las elecciones pero, como quiera, una democracia.
Y ciertamente parece más una victoria que hace tres años, en las profundidades de la devastación, antes del envío de refuerzos y del levantamiento sunnita contra Al Qaida en Irak.
Pero no vamos a ver a marineros besando a enfermeras en Times Square ni desfiles triunfales en las calles de Washington. No veremos al presidente Barack Obama ni a otros funcionarios electos usando términos como "victoria" al hablar de lo que sucedió en Irak.
Cualquier logro que se haya alcanzado llegó a costa de grandes sacrificios y, en el mejor de los casos, parece frágil e incompleto. Más que ganar, Obama declaró que su objetivo era "terminar la guerra de manera responsable".
"Ni ganamos ni perdimos", afirma por su parte Lee H. Hamilton, ex congresista demócrata por Indiana que fungió como copresidente del Grupo Iraquí de Estudios instituido por el congreso, que en 2006 recomendó retirar casi todas las tropas de combate para 2008. "Lo mejor que puede decirse es que, a un enorme costo, se nos dio la oportunidad de instaurar un país estable".
Por supuesto, sería prematuro realizar una evaluación final. Aun después del pasado martes, cuando Obama declaró concluida la misión de combate, hay cerca de 50,000 soldados para asesorar y ayudar a los iraquíes y realizar operaciones antiterroristas, los cuales se retirarán hacia fines de 2011.
La serie de ataques perpetrados la semana pasada demostró que los radicales aún pueden causar daños, si bien no tantos como antes.
Empero, el papel de Estados Unidos en la guerra había estado disminuyendo desde hacía tiempo; los soldados estuvieron concentrados básicamente fuera de las ciudades desde el año pasado y participaron cada vez en menos combates, mientras las fuerzas iraquíes tomaban la conducción.
Hasta el pasado viernes pasado, 46 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses habían muerto en Irak durante 2010, de acuerdo con el sitio Web icasualties.org: una fracción de las 904 bajas que se registraron en el apogeo de 2007.
La situación era tan mala en ese entonces que incluso el presidente George W. Bush tuvo que reconocer en algún momento que "no estamos ganando, no estamos perdiendo".
El senador Harry M. Reid, de Nevada, líder de la mayoría demócrata, incluso llegó a decir que "esta guerra está perdida".
Para cuando dejó el cargo, Bush había recuperado el optimismo y declaró que las fuerzas iraquíes cada vez eran más capaces de "ganar el combate". Ahora, Reid no se retracta de su declaración pero le da el crédito a los soldados.
"El senador Reid piensa que nuestras tropas de combate hicieron un excelente trabajo", anunció su vocero, Jim Manley. "Sin embargo, Él y muchos pensaban en 2007, y aún lo piensan, que el resultado definitivo de esta guerra no será decidido por nuestras fuerzas de combate. El futuro de Irak será decidido por el pueblo iraquí."
Este es un tema generalizado, presentado incluso por aquellos situados al otro lado de las batallas ideológicas que caracterizaron el largo esfuerzo en Irak. Meghan O’Sullivan, que supervisó la guerra como asesora asistente de seguridad nacional de Bush, dijo que todo se reducía a los iraquíes.
"Mi medida del éxito en Irak no es si los iraquíes pueden resolver entre ellos y sus vecinos hasta el último detalle, sino si pueden seguir abordando y manejando sus diferencias a través de la política, no de la violencia", declaró.
James M. Dubik, general retirado de tres estrellas que dirigió el entrenamiento de las tropas iraquíes, dijo que ahora la clave está en crear una buena administración y en la economía.
"Que amainen los combates no significa que la guerra haya terminado", señaló Dubik, actualmente miembro del Instituto para el Estudio de la Guerra.