Estados Unidos
La computadora personal está desapareciendo. Tiempo atrás, las computadoras llenaban salas enteras; después estuvieron en los armarios para irse luego al escritorio y ahora anidan en nuestros bolsillos.
Pronto, las computadoras podrían ser invisibles para nosotros, ocultas en los objetos cotidianos. La semana pasada, un anuncio del Valle del Silicio dio una pista sobre la forma en que la tecnología de computación va a transformar al mundo en los próximos años.
Científicos de Hewlett-Packard revelaron que habían empezado a comercializar un minúsculo interruptor que es una alternativa más sencilla -y posiblemente más pequeña- al transistor, que ha sido el elemento básico de construcción de computadoras desde hace medio siglo.
Eso significa que el número de unos y ceros que pueden almacenarse en cada microchip podría seguir incrementándose a un ritmo acelerado.
En consecuencia, cada nueva generación de chips seguiría dándole a los diseñadores de electrónica el equivalente de un lienzo nuevecito para pintar en él.
Así se está cumpliendo la ley de Moore, formulada por primera vez en los años sesenta por Douglas Engelbart y Gordon Moore, la cual plantea que la potencia de cómputo se incrementa de manera exponencial mientras que los costos se reducen al mismo ritmo.
Evolución
Esa ha sido la historia de la computación hasta ahora. Hace treinta y cinco años, Steve Jobs fue de los primeros en aprovechar el chip microprocesador para construir computadoras personales.
Fue una idea de la que habían sido pioneros, a principios de los años setenta, investigadores de un grupo que trabajaba con Alan Kay en el Centro de Investigaciones de Xerox en Palo Alto.
En ese tiempo, era una idea tan radical que parecía casi impensable: una computadora para cada persona.
En los años ochenta, otro grupo de científicos de Xerox propuso otra idea, aun más radical: la computadora personal estaba destinada, al igual que su predecesora, la computadora mainframe, a la obsolescencia.
Estos técnicos llamaron "computación ubicua" a su sucesora. La computadora simplemente desaparecería poco a poco, como el gato de Cheshire, y quedaría incrustada en todos los objetos que nos rodean en la vida cotidiana.
Esa idea se está haciendo realidad: los bolígrafos, los blocs de papel, los autos... efectivamente, prácticamente todo lo que usamos en la vida diaria se está volviendo computarizado.
Y la semana pasada, Jobs presentó las nuevas versiones de la tecnología incrustada, el iPod y Apple TV.
En Hewlett-Packard, los científicos que encabezaron la búsqueda de los interruptores ultrapequeños, llamados memristores, aseguran que su llegada, planeada para el mercado masivo en 2013, anuncia una era de descubrimiento en la que el aumento de productividad será paralelo al producido por los microprocesadores.