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Exámenes estilo chino a debate en EE UU

¿Qué hace que un examen se sienta más bien como un desafío interesante y no como un ataque que provoca ansiedad?
18.09.10 - Actualizado: 18.09.10 08:57pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Pekín,

China

Cuando mis hijos tenían 6 y 8 años de edad, presentar exámenes era una parte tan común de su jornada escolar como jugar en el recreo y escuchar historias a la hora de reunirse.

Tenían exámenes de matemáticas dos veces por semana, cuyos resultados se calculaban de manera elaborada.

Estaban los exámenes normales de ortografía. A la fecha sigo conservando los exámenes de ciencias de mi hija, calificados minuciosamente, con calificaciones como A menos o 23/25.

Nosotros vivíamos en China, donde su escuela mezclaba un plan de escuela primaria básicamente occidental con el énfasis en la disciplina y los exámenes que caracteriza el estilo educativo asiático.

En Asia se considera normal que los niños se enfrenten a esa batería de exámenes, no como algo malo o que provoque una ansiedad particular.

Eso causaba algunos choques culturales particularmente interesantes.

Recuerdo una tensión casi constante entre los padres asiáticos, que querían aún más exámenes y tareas en casa, y los padres occidentales, que estaban más interesados en que sus hijos tuvieran más diversión y querían menos tareas para ellos.

Todavía llego a tener pesadillas a causa de unas terribles vacaciones de verano que pasamos metiendo a la fuerza tarjetas de datos en el cerebro de mi hijo de 5 años, que claramente no estaba "preparado" para leer, pero que gracias a lágrimas y esfuerzos hercúleos, acabó aprendiendo.

Leer simplemente era un requisito para pasar del jardín de niños al primer año. ¿Cómo iba a hacer exámenes y tareas si no podía leer las preguntas?

Pero Andrew y Cara, actualmente de 16 y 18 años, solo tienen los más gratos recuerdos de sus años en la Escuela Internacional de Pekín; ellos básicamente no sabían que estaban siendo "examinados".

Ahora que los educadores y los padres en Estados Unidos debaten los nuevos programas federales, que probablemente expondrán a los jóvenes a más exámenes de lo que es actualmente la norma, suelo pensar en las ventajas y desventajas de la educación primaria de mis propios hijos.

¿Qué hace que un examen se sienta más bien como un desafío interesante y no como un ataque que provoca ansiedad?

Examinar a los niños ha caído de la gracia de los educadores básicos desde hace muchos años en Estados Unidos, que se preocupan porque los exámenes atrofian la creatividad y dañan la autoestima, además de que, de todos modos, no reflejan debidamente el estilo y el avance irregular del aprendizaje infantil.

(Puede haber algo de verdad en esto. Mi hijo, que sufrió el ataque de las tarjetas de datos, hacia los 7 años era el lector más voraz de la familia).

Examinar a los jóvenes estudiantes ha caído tanto de la gracia que incluso con la ley "Ningún niño rezagado", tan basada en los exámenes, no se empieza a probar la habilidad de lectura de los estudiantes sino hasta el tercer año.

Momento en el cual, según piensan algunos educadores, es demasiado tarde para remediar cualquier deficiencia.

Pero últimamente, la filosofía del "cero examen" en la educación estadounidense para los niños ha estado bajo ataque, pues los programas gubernamentales fomentan fuertemente esa práctica.

Primero estuvo la ley "Ningún niño rezagado", que entró en vigor en 2003 y obligó a los gobiernos estatales a someter a los estudiantes a exámenes estandarizados para medir su avance escolar.

Ahora, la competencia educativa "Carrera a la cumbre" del presidente Barack Obama -que anunció miles de millones de dólares en becas estatales este mes- considera y fomenta la dependencia en lo que los educadores llaman "exámenes formativos" o "evaluaciones formativas".

Estos no son exámenes que se hagan una vez al año o una vez en la vida, como el examen de aptitud escolar (SAT), sino una serie de exámenes más pequeños y menos monumentales diseñados, en teoría al menos, a ayudar a los estudiantes y a sus profesores a determinar cómo va el alumno.

Algunos expertos en educación consideran este cambio como un paso para dejar atrás la edad del obscurantismo ideológico.

"Desde hace mucho tiempo, las investigaciones han demostrado que para los niños es benéfico presentar exámenes con más frecuencia, pero los educadores se han opuesto a este hallazgo", aseguró Gregory J. Cizek, profesor de mediciones y evaluaciones educativas en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Claro, Cizek advierte que los exámenes deben ser apropiados para la edad y el programa Carrera a la cumbre considera fondos para investigaciones acerca de nuevos exámenes.

Llenar tres páginas de preguntas de opción múltiple puede no ser apropiado para niños pequeños.

Asimismo, los exámenes de "gran riesgo" -como los exámenes de ingreso a la universidad en China, que son los únicos que determinan la colocación universitaria- generan ansiedad y podrían injustamente echar por la borda al futuro de un joven debido en su mal desempeño en un solo día.

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En Estados Unidos rechazan el sistema chino de realizar exámenes permanentemente e incluso algunos apuestan a no utilizarlo.
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