Estados Unidos
Reagan, al igual que Obama, asumió inmensos problemas económicos después de suceder a un presidente profundamente impopular del partido contrario.
Después de convencer al congreso de reducir las tasas de impuestos y el gasto, Reagan les imploró a los votantes que "se mantuvieran en la raya" y advirtió las nefastas consecuencias de regresar a las polÃticas de Jimmy Carter y a un congreso demócrata con planes de elevar impuestos y gasto público.
Es fácil olvidar lo polÃticamente débil que parecÃa Reagan ese año. De acuerdo a Gallup, el Ãndice de aprobación actual de Obama, que anda alrededor de 45%, es equiparable o ligeramente superior al que tenÃa Reagan en un momento similar en 1982 (asà como al de Clinton en 1994).
Obama pretende usar el historial del presidente George W. Bush, del mismo modo en el que Reagan aprovechó el de Carter. Fueron Bush y sus aliados republicanos en el congreso, le dice al público en las campañas, los que empujaron "al hoyo" a la economÃa.
La velocidad de los medios contemporáneos, por no hablar de su ferocidad, podrÃa dificultar fundamentar ese argumento. En el inagotable ciclo informativo, en televisión por cable y en Internet, las noticias envejecen cada vez más pronto.
En cualquier caso, la estridente y frenética naturaleza de la era de la información obstaculiza a Obama más que su propia actitud. La reunión de cabildo terminó con un golpe emocional, de todos modos.
Pero este no vino de mis preguntas o de las respuestas de Obama. Más bien vino de una asistente, Velma Hart, simpatizante negra de Obama que trabaja en una organización de servicios para veteranos de las fuerzas armadas.
"Estoy cansada... cansada de defenderlo, de defender a su gobierno", lanzó la señora Hart, mirando al presidente directamente.
"Me dijeron que votarÃa por un hombre que iba a cambiar las cosas de manera significativa para la clase media. Pues bien, yo soy una de esas personas y sigo esperando, señor".