Estados Unidos
La determinación del Partido Republicano, reciente vencedor de las elecciones legislativas, de disminuir el déficit presupuestal de Estados Unidos, será rápidamente puesta a prueba en los hechos y podría llevar a la paralización temporal de ciertas actividades del gobierno.
Contrariamente a una creencia extendida, el gobierno estadounidense no puede ordenar gastos a su antojo. Como cualquier operador de una cuenta bancaria, Washington tiene un límite para operar en descubierto.
Pero en lugar de solicitar una ampliación a su banco, los presidentes norteamericanos deben demandar un permiso del Congreso. Un ejercicio ordinario que esta vez podría transformarse en un asunto delicado para el presidente demócrata Barack Obama.
En enero próximo, un año después del último aumento autorizado de la deuda, el gobierno posiblemente sobrepasará el techo actual de su deuda.
Pedir
Obama deberá entonces mendigar amablemente un nuevo umbral para la deuda ante un Congreso que ahora incluye a numerosos republicanos conservadores y a los candidatos del ultraconservador movimiento Tea Party, quienes estiman que los 1.43 billones de dólares actuales ya es un nivel bastante elevado.
Uno de los responsables más influyentes de la derecha, el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, exhortó a los republicanos a rechazar un incremento del umbral de la deuda.
Y la amenaza es tomada muy en serio tras el cambio en la mayoría de la Cámara y con una minoría fortalecida como para bloquear cualquier acción del Senado.