Israel
La realización de una boda múltiple una tarde templada hace poco fue el paso más reciente para reclasificar a esta ciudad como un modelo de estabilidad, tras haber sido un centro de caos y violencia en la Ribera Occidental.
Había en el escenario 47 parejas que era la primera vez que se juntaban como un grupo, y no las conocía la mayor parte de los más o menos 10,000 juerguistas palestinos amontonados en el anfiteatro del parque municipal.
Sin embargo, la ceremonia, una de las más exuberantes en la ciudad a últimas fechas, fue bulliciosa y alegre, reunió a palestinos de Nablus, de aldeas aledañas y de campos de refugiados.
“Somos un pueblo disperso”, dijo Hasan Asayés de 53 años, un escultor y el novio de mayor edad. “Se trata de un símbolo de unidad”.
La Autoridad Palestina pagó la boda comunitaria y se llevó a cabo con la bendición de su presidente, Mahmoud Abas.
La Autoridad estaba emulando, en cierta forma, a su rival, la organización extremista islámica Hamas, que celebra regularmente bodas multitudinarias para los pobres en Gaza, donde tiene el control.
Sin embargo, la ceremonia también reflejó algo del espíritu empresarial que hoy despierta en Nablus, una ciudad de cerca de 150,000 habitantes, alguna vez considerada el centro comercial de la Ribera Occidental.
La boda fue la creación de Muhanad Rabi, de 37 años, el gerente de una empresa de desarrollo inmobiliario e inversiones en la ciudad, y fue la cuarta actividad que ha organizado. “Quiero comercializar a Nablus”, expresó Rabi.
Con problemas para hacerse oír con todo y el público que vitoreaba, y el intérprete que cantaba en árabe y a gritos las favoritas de las bodas, Rabi dijo que empezó hace un año con un festival en el que los residentes hornearon lo que se dijo fue el knafeh, un dulce local, más grande del mundo. Siguió un maratón, después un partido de futbol entre políticos de la Autoridad y residentes.
Cuando le presentó la idea de una boda comunitaria al gobernador del distrito, por parte de la Autoridad Palestina, la aprobó, e incorporó al alcalde.
Mensaje
Rabi expresó que quería “transmitir al mundo el mensaje de que nosotros en Nablus, y en Palestina en general, podemos vivir como
seres humanos, disfrutar la vida y lograr nuestros objetivos políticos”.
Milicias rivales y bandas de delincuentes controlaron a Nablus durante años, después de que estallara la segunda intifada en 2000, y sus integrantes deambulaban por las calles.
Hamas ganó unas elecciones municipales en la ciudad y las parlamentarias en toda Cisjordania y Gaza en 2006, sin embargo, en junio de 2007, después de que la organización islámica se apoderó del control total de Gaza, milicianos asociados al partido Fatah de Abas vandalizaron Nablus, saquearon e incendiaron oficinas e instituciones afiliadas a Hamas e irrumpieron en el salón de cabildos.
La Autoridad Palestina hizo de Nablus el sitio experimental para su programa de ley y orden ese mismo año, para lo cual desplazó a cientos de policías palestinos recién entrenados a la ciudad.
Funcionarios palestinos dijeron en ese entonces que primero querían hacerse cargo de “la cabeza de la serpiente”.
Hoy día, ya removieron algunos de los retenes israelíes que solían rodear a la ciudad, mientras que otros se manejan en forma menos estricta, si es que siquiera hay personal. La ciudad está abierta a visitantes de toda la Ribera Occidental, así como a árabes de Israel.
Los automóviles nuevos, incluidas camionetas todo terreno, en las calles indican una creciente prosperidad. Se está reconstruyendo la Mugata de Nablus, las oficinas centrales de la Autoridad destruidas por los israelíes durante la segunda intifada.
El nuevo estado de ánimo se personifica en gente como Atalah y Jamis al Sairafi, gemelos idénticos de 49 años y empresarios que nacieron de padres refugiados de Jafa, hoy en Israel, y crecieron en el campo para refugiados de Askar, en los límites de Nablus.
Un par algo cómico -dicen que despiertan cada uno en su casa y telepáticamente terminan usando atuendos idénticos-, los hermanos empezaron en el negocio de la chatarra.
Sin embargo, compraron un jet de pasajeros Boeing 707 en desuso justo antes de la segunda intifada, y lo colocaron en un parque de diversiones que construyeron junto a una calle al este de la ciudad. Tenían planes de convertirlo en un restaurante.
Después de que estalló la violencia, el Ejército israelí convirtió al parque de diversiones en un campamento improvisado, y el avión se quedó oxidándose junto a una rueda de la fortuna en ruinas, y las aves entraban y salían aleteando por los vidrios rotos de las ventanillas y las puertas.