Iraq
¿Es demasiado pronto declarar una Ciudad Sadr Primavera?
En un barrio conocido por sus milicianos vestidos de negro y sus estrictos códigos islamistas, esta es una escena en una noche reciente: jóvenes con cortes de cabello angulares jugando billar en mesas en las aceras; bulliciosas cafeterías llenas de fumadores de pipa turca y películas estadounidenses; una ruidosa boda donde se tocaban tambores para celebrar; estudios fotográficos que exhibían fotos de mujeres con los hombros descubiertos.
Todo eso habría sido peligroso hace un año o dos, pero ahora se agrega a solo una noche más en este extenso suburbio que ha sido de tiempo atrás el corazón palpitante de la Bagdad chiita.
Mientras el Gobierno iraquí sigue congelado en un callejón sin salida, la vibrante transformación de Ciudad Sadr podría ofrecer una mirada profética del siguiente capítulo del país: reprimido por Sadam Husein, temeroso en su resistencia a la invasión liderada por Estados Unidos y después brutal en sus medidas enérgicas religiosas, el barrio ahora se está convirtiendo en una mezcla de vida secular y religiosa que es tanto ad hoc como contagiosa.
“No son solo las tiendas nuevas”, señaló Majid Lattef, de 32 años, que andaba con tres amigos un viernes reciente, después de que miles se reunieron en la plaza principal para orar. “Los jóvenes aquí están cambiando de parecer y de actitudes”.
“Nadie nos acosa para que pensemos de una forma”, agregó. “La religión está disponible, y yo venero a Dios, pero la gente que ora y va a la mezquita también juega billar y va a las cafeterías”.
La mayor parte de los últimos siete años, el barrio perteneció al Ejército Mahdi, una milicia leal al apasionado clérigo Muqtada al Sadr que impuso una interpretación estricta del islam. Los habitantes se refugiaron en casas abarrotadas; los padres no permitían que sus hijos salieran después de anochecer.
Sin embargo, a medida que la policía y el Ejército iraquí han tomado el control, Al Sadr se ha rehecho como barrio y a sus seguidores como una fuerza electoral de la corriente institucional, y ganó 40 escaños en las elecciones nacionales de marzo.
Su poder ya no está en las calles, sino en el Parlamento. A su vez, el Ejército Mahdi, cuya violencia amenazó con marginar a los sadristas, está permitiendo que actúen los residentes locales.
“Esos perdedores que trataban de declarar que hacían esto por el islam ya no tienen poder”, dijo Amaar Kreem, de 26 años, jugando billar en una mesa en una acera. “Ahora, la gente ya no los oye”.
Los recuerdos del pasado reciente siguen a flor de piel. Ali Kraibit, quien abrió un salón de billar al aire libre, vio sus mesas como un producto de la historia. Primero, Husein prohibió toda observancia chiita, contó.
“Luego, después de eso, claro que la gente buscaba las ceremonias religiosas”, dijo. “Pero ahora, la gente ya se hartó de esto. Ya se liberó. Se da cuenta que ahora es libre”.
En una pequeña barbería, Saad Sabar, de 34 años, recordó que arreglaba barbas en secreto porque iba contra la ley islámica.
“La gente que tomó el control del barrio llevaba a las personas con peinados extraños de la calle a la mezquita”, contó, dudando mencionar al Ejército Mahdi. “Luego los golpeaban y les rasuraban la cabeza”. Ahora, dijo, muchos clientes quieren cortes de cabello occidentales. “En este momento puedo hacer cualquier cosa que quiera, gracias a Dios”, agregó, expresando un refrán común aquí.
Algunos aquí dicen que combatientes encarcelados del Ejército Mahdi han comenzado a regresar al barrio después de que Al Sadr apoyó al primer ministro Nouri al Maliki en octubre. Haider Mazban de 24 años, con una camiseta gris con la palabra ejército escrita en mayúsculas, dijo que la milicia podría regresar en cualquier momento.
Entre tanto, señaló, él “usa esta oportunidad para volver a escuchar música en mi coche y beber licor”.
Como otras partes de Bagdad, Ciudad Sadr experimenta un auge en las bodas.