Estados Unidos
James Hansen ha evitado las tarjetas de crédito durante meses.
Empezó a acumular deuda cuando estuvo de licencia por incapacidad por corto tiempo en su empleo como ingeniero en mantenimiento hace unos tres años, justo después de casarse y tener a su segundo hijo.
“La mitad de mis pagos era para intereses”, notó Hansen de 34 años, quien vive en Kihei, Hawái. “Aún sigo pagando las cuentas”.
En estas festividades, dijo, “voy a comprar unos cuantos regalos con efectivo, si puedo. No va a ser fácil”.
Incluso para personas con un ingreso estable durante la recesión, como González, el crédito ya no es atractivo.
En 2008, con un bebé nuevo y un hijo adolescente, además de una familia extensa grande, iba a comprar los abarrotes con las tarjetas de Sam’s Club y Costco, y agregaba los regalos navideños al carrito. “Era tan conveniente”, comentó.
Sabía que estaba cargando demasiado -también tenía tarjetas de Macy’s y Kohl, y una Visa State Farm que incluía un balance anterior de una de Costco-, pero pensó que ayudarían los programas de reembolso de efectivo.
“Tenía en mente y pensaba: Bueno, tendré efectivo extra a fin de año”, explicó.
Sin embargo, en la tarjeta Costco, por ejemplo, le regresaron cerca de 80 dólares, una fracción de los 4,000 dólares que gastó o los 3,000 dólares en la de Sam’s. Los pagos de hipoteca y del coche se apilaron en la deuda.
“Con las tasas de interés, simplemente parecía que nunca pagaría”, comentó.
Tuvo que reconocer la deuda cuando su esposo y ella empezaron a buscar una casa más grande para acomodar a su familia que crecía.
González dijo que había estado pagando las cuentas, y la pareja no había hablado de sus finanzas al detalle hasta que empezaron la búsqueda de la casa cerca de la Navidad de 2008.