Brasil
Dilma Rousseff asume hoy la presidencia de Brasil con el desafÃo de imponer su sello a un paÃs que nunca tuvo una mujer en ese cargo, una tarea similar a la que tienen por delante otras mujeres en ejercicio del poder en una región que hasta ahora les reservaba poco espacio en polÃtica.
Rousseff será investida oficialmente como presidente después de jurar sobre la Constitución en el Congreso y de recibir de manos de Luiz Inácio Lula da Silva en el Palacio de Planalto la banda presidencial y las riendas de un paÃs de 190 millones de habitantes.
Es un momento histórico para el gigante sudamericano, que por primera vez tendrá al frente a una mujer para seguir consolidando su democracia, mantener su fuerte crecimiento económico y avanzar en su proyección internacional, herencias de los ocho años de mandato de Lula.
DesafÃo
Electa para suceder al carismático Lula da Silva, Rousseff, de 63 años, tendrá en sus manos la conducción del gigante sudamericano, pero también la responsabilidad de mostrar que es capaz de ejercer el poder sin tutela masculina y sin la influencia de su mentor polÃtico. Es el mismo desafÃo que enfrenta cada dÃa Cristina Kirchner, en Argentina, y Laura Chinchilla, en Costa Rica: el de conducir sus respectivos paÃses con su propia iniciativa, sacándose el "estigma" de haber sido primera dama o de tener un ex presidente como padrino polÃtico.
En el caso de Rousseff, el hecho de nunca haber disputado una elección antes de vencer los comicios presidenciales de este año era visto como la prueba de que "ella apenas era la continuación del gobierno de Lula, y eso claramente es descalificar su trayectoria", dijo Segurado.
Rousseff, de hecho, formó un gabinete en el que varias figuras prominentes, como el ministro de Hacienda y el de Defensa, vienen del gobierno anterior. Pero también incorporó figuras de su propio entorno en un equipo que tendrá un récord de mujeres: cinco ministras y cinco secretarias de rango ministerial.
La herencia de Lula
Dilma llega al gobierno generando enormes expectativas entre los brasileños, con un apoyo del 73% en la opinión pública.
Heredará un paÃs con un crecimiento estimado de 7.6% en 2010 que atrae enormes inversiones extranjeras, con el desafÃo de organizar el Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos OlÃmpicos de 2016 en RÃo de Janeiro, pero también con deudas sociales históricas.
Bajo el gobierno de Lula, 29 millones de personas salieron de la miseria, según cifras oficiales, pero casi la mitad de la población sigue sin tener saneamiento y la tasa de analfabetismo roza el 10%.