Brasil
Historias de horror, de viviendas arrastradas por muros de tierra y agua en las poblaciones de montaña al norte de Río de Janeiro relataban los sobrevivientes que incluso excavaron frenéticamente con las manos para alcanzar a personas atrapadas.
El saldo de víctimas de los deslizamientos ocurridos en la turística región de montaña al norte de Río de Janeiro ascendió ayer a 470 muertos, según el último balance provisional de la que se considera una de las peores catástrofes sufridas por Brasil.
Varios municipios de esa zona a 100 km de Río sufrieron masivos deslizamientos de tierra y ríos desbordados que se llevaron consigo a personas, casas, árboles y todo lo que encontraron por delante.
La presidenta, Dilma Rousseff, sobrevoló el área devastada y recorrió a pie varias calles de Nova Friburgo, una de las localidades más castigadas por la tragedia, donde prometió "acciones firmes de gobierno".
Allí, al menos 201 personas murieron, informaron los servicios municipales a los medios de comunicación locales.
"Parecíamos zombis cubiertos de barro, cavando en la oscuridad", dijo Geisa Carvalho acerca de los minutos que siguieron a los aludes, alrededor de las tres de la mañana en Teresópolis.
Su madre, Vania Ramos, dijo que las despertó un tremendo rugido cuando toneladas de tierra sobre su vecindario se deslizaron sobre un muro de granito.
No había luz, pero el resplandor de los relámpagos les permitió ver un torrente de barro y agua que pasaba a metros de su casa, así como los restos de casas vecinas arrastrados por la ladera.
"No tengo palabras para describir lo que he visto", dijo Ramos al iniciar una marcha de ocho kilómetros hacia el centro de la ciudad en busca de comida y agua.