Iraq
Hawal, quien es asirio, se cambió a Reina María de la Paz, que es católico apostólica, luego que su hermano se convirtiera en el encargado de cuidarla, y siguió después que su hermano se hubiera mudado a Bagdad y después a la región de Kurdistán, en el norte de Irak.
Desde la invasión, aproximadamente la mitad de los cristianos de Irak ya se marchó del país.
Hawal recordó celebraciones cristianas en el jardín de a Reina María de la Paz, manteniéndose en vela toda la noche con sus vecinos musulmanes, tantos árabes como kurdos.
“Para nosotros, esto es historia”, dijo. “Aún puedo oler a mis amigos aquí y a mi familia acá. Ahora, muchos amigos me dicen que debería marcharme, que tienen trabajo para mí donde ellos están, pero yo no puedo dejar la iglesia”. Fawzi, el alcalde, lamenta la pérdida de quienes eran sus vecinos. “Daría mi vida para que volviera la vida que solía haber aquí”.
El edificio de la iglesia actualmente es un monumento a su ausencia, con sus pesados bancos de madera colocados en los extremos de un piso de concreto pelón. No tiene calefacción ni electricidad. Junto a la estructura hay un gran campo de basura.
“Cuando vengo aquí, me duele”, dijo Hawal. “No creo que alguna vez vuelva a ser como fue, cuando teníamos un hermoso jardín”.
De la misma forma, ya desaparecieron los sonidos que solían definir al pueblo.
“La campana solía oírse aquí, y el ‘azzan’ de la mezquita”, dijo Nofah Ramah al-Dulaimi, de 72 años de edad, quien administra una pequeña tienda de ropa junto a la iglesia, al referirse al llamado islámico a los rezos, que suena cinco veces al día.