Bolivia
Una columna de trabajadores desafía la lluvia y el frío para avanzar desde El Alto -ciudad de inmigrantes, comerciantes y empleados pobres- hasta La Paz, donde miles manifiestan contra el gobierno de Evo Morales por el alza de los precios en la comida.
"Evo, cabrón, el pueblo está emputado (enojado)", gritan al unísono los mineros del sindicato de La Paz, mientras -enfundados en abrigos y ponchillos plásticos por la pertinaz lluvia y tocados con su casco de trabajo- detonan cartuchos de dinamita para hacer patente su bronca.
"El pueblo unido, jamás será vencido", sigue vociferando la masa, en un eslogan que retrotrae a la década de los 70 y 80 del siglo pasado, cuando los combativos mineros luchaban contra las dictaduras de los generales Hugo Banzer (1971-78) o Luis García Meza (1980-81) pidiendo libertades democráticas.
Los mineros, que ya en esa época integraban los partidos de izquierda, están ahora enfrentados con Evo Morales, quien se autodefine marxista y socialista, pero que en pocas semanas pasó a ser visto como enemigo de los pobres tras dispararse el precio de los alimentos.
Morales cometió el error en diciembre del año pasado de decretar una suba de 83% en el precio de los combustibles, medida que después anuló ante la presión popular. La inflación, sin embargo, siguió trepando aguijoneada por una fuerte escasez de alimentos, en especial el azúcar.
El transporte público elevó también esta semana de facto sus tarifas en Cochabamba, Oruro y Potosí, mientras en Santa Cruz pugna por hacer lo mismo a pesar de las protestas de los vecinos y la negativa de las autoridades.
Desde el flanco más radical de la marcha -replicada con contundencia en Santa Cruz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Sucre- el minero Jaime Solares, ex líder de la Central Obrera Boliviana (COB), exigió al gobierno "cumplir con la agenda de octubre", que significa echar al traste el modelo liberal de libre mercado.