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Modelo de edificio con costo energético nulo

Los edificios comerciales usan cerca de 18% de la energía total del país cada año, y muchos de ellos, especialmente en años pasados, se diseñaron con apenas una idea de ahorro energético, por no hablar del consumo neto cero
26.02.11 - Actualizado: 26.02.11 07:04pm - New York Times: redaccion@elheraldo.hn

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Golden, Colorado,

Estados Unidos

Las ventanas que dan al oeste, cerca del escritorio de Jim Duffield, empezaron automáticamente a teñirse de azul a las 2:50 p.m. un viernes reciente, a medida que el sol invernal se iba poniendo sobre las faldas de las montañas Rocallosas.

Alrededor de su cubículo lleno de plantas, sonidos bajos del zumbido del aire emanaban de bocinas en el piso, cuyo objetivo es imitar el movimiento rápido de los sistemas convencionales de calefacción y aire acondicionado, ninguno de los cuales tiene el edificio de oficinas de 20,624 metros cuadrados, ni necesita, ni siquiera aquí, a una altura de 1,615 metros.

El ruido blanco genérico de los ductos falsos es sólo de fondo y psicología en el centro de trabajo; los gerentes se percataron de que los empleados necesitan algo más que silencio.

Entre tanto, el conjunto fotovoltaico del techo emprendía la retirada a la luz de bajo ángulo que se desvanecía. Hasta la 1:35 p.m., había producido más electricidad de la que podía usar el edificio -un excedente presupuestario de energía de tres horas-, una generación sólo interrumpida por unas nubes pasajeras a eso del medio día.

Para Duffield, de 62 años, sólo era otro día en lo que fue diseñado, a detalle minucioso, para ser el edificio de costo energético nulo más grande del país.

Aún se está adaptando, seis meses después de que 800 ingenieros, gerentes, personal de apoyo y él del Laboratorio Nacional de Energía Renovable se mudaron al edificio de 64 millones de dólares, el cual lo ha ofrecido como modelo de cómo hacer construcciones asequibles y de un consumo energético muy bajo.

“Es una especie de país de las maravillas”, comentó Duffield, un empleado de apoyo administrativo, mientras el sistema de sombreado de las ventanas alcanzaba su máximo.

Electricidad

La mayoría de los edificios de oficinas está divorciada, en cierto sentido, de su entorno.

Cada día en las trincheras mecánicas del calentamiento, enfriamiento y procesamiento de datos es muy parecido al de otros, excepto por el costo de pagar por la electricidad consumida.

El edificio Research Support Facility del Laboratorio de Energía parece más un espejo, o quizás una esponja, de su entorno.

Desde las ventanas refractoras, tipo persiana, que proyectan rayos hacia el interior de los espacios de oficina, hasta el gigantesco laberinto de concreto en el subsótano que contiene y almacena el calor radiante, cada día es completamente diferente.

Se trata de la historia de un día seleccionado al azar en la vida del edificio aún nuevo: el 28 de enero de 2011.

Estuvo soleado la mayor parte, con temperaturas por arriba del promedio, que alcanzaban sesentaitantos grados, y vientos ligeros del noroeste. El sol salió a las 7:12 a.m.

Para ese momento, la computadora central ya trabajaba duro, rastreando cada vatio que entraba y salía, buscando, siempre, el equilibrio del costo energético nulo en 24 horas; un objetivo que los gerentes dicen es probable que no se alcance sino hasta principios del año entrante, cuando se terminen la tercera ala del proyecto y el estacionamiento.

Se aceleró el pulso del edificio con la luz del día. Los paneles fotovoltaicos contribuyeron con electricidad a las 7:20 am.

Conforme llegaban los empleados, empezó a aumentar el consumo de electricidad -desde cargadores de teléfonos celulares hasta elevadores.

La demanda total, incluido el máximo presupuestado de 65 vatios por área de trabajo para todos los usos, desde iluminación hasta computación, llegó a su punto máximo a las 9:40 am.

Entre tanto, el centro de datos en el sótano, que maneja las necesidades de procesamiento de las instalaciones en 131 hectáreas, estaba a toda marcha, alcanzando su nivel máximo en consumo de electricidad a las 10:10 am, a medida que los correos electrónicos y las hojas de cálculo para las investigaciones comenzaron a circular a través del sistema de circuitos.

Para Duffield y sus compañeros de trabajo, fue un momento de buenas y malas noticias: el centro de datos es con mucho el mayor consumidor de electricidad en el complejo, pero también uno de los mayores generadores de calor, el cual se captura y usa para calentar el resto del edificio.

Si existe una sede secreta de un club para los obsesos de la energía y la eficiencia en el mundo, es probable que se parezca y se sienta como este edificio.

“Nada en este edificio se construyó como se hace usualmente”, comentó Jerry Blocher, un gerente sénior de proyectos en Haselden Construction, el contratista general.

El telón de fondo de todo aquí es que los edificios de oficinas son, para personas como Blocher, la fruta no cosechada de la conservación de la energía.

Los edificios comerciales usan cerca de 18% de la energía total del país cada año, y muchos de ellos, especialmente en años pasados, se diseñaron con apenas una idea de ahorro energético, por no hablar del consumo neto cero.

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Vista del edificio que alberga el Laboratorio Nacional de Energía Renovable.
Vista del edificio que alberga el Laboratorio Nacional de Energía Renovable.

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