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Cultivos para energía y el hambre

En Estados Unidos, el Congreso ya ordenó que el uso de biocombustibles debe alcanzar 36,000 millones de galones (136,260 millones de litros) anualmente para el año 2022.
16.04.11 - Actualizado: 16.04.11 07:22pm - The New York Times: redaccion@elheraldo.hn

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Nueva York,

Estados Unidos

La almidonada raíz de la mandioca ha sido por largo tiempo un importante ingrediente en todo, desde el pudín y el helado de tapioca hasta papel y alimento para animales.

Pero el año pasado, 98 por ciento de las frituras de mandioca exportadas desde Tailandia, el mayor exportador de mandioca en el mundo, fue a un solo lugar y casi todo era para un solo propósito: a China para producir biocombustible. Impulsadas por la nueva demanda, las exportaciones tailandesas de frituras de mandioca han aumentado casi 400% desde 2008, en tanto el precio de la mandioca casi se ha duplicado.

Pero, con los marcados aumentos de precios en los últimos meses, muchos expertos están haciendo llamados dirigidos a los países para que reduzcan su impetuosa carrera hacia el desarrollo de combustible verde, argumentando que la combinación de ambiciosos objetivos del biocombustible y mediocres cosechas de algunos cultivos cruciales está contribuyendo a los altos precios, hambre e inestabilidad política.

Este año, la Organización de Alimento y Agricultura de Naciones Unidas, la FAO, informó que su índice de precios de la comida era el más alto en sus más de 20 años de existencia. Los precios subieron 15% tan solo de octubre a enero, con el potencial de "orillar a la pobreza a otras 44 millones de personas en países de ingresos bajos a medios", informó el Banco Mundial.

En meses recientes, la pronunciada alza de precios del alimento ha ocasionado disturbios o contribuido a la conmoción política en una diversidad de países pobres, incluidos Argelia, Egipto y Bangladesh, donde el aceite de palma, ingrediente común del biocombustible, proporciona crucial nutrición para una población desesperadamente pobre.

Durante la segunda mitad de 2010, el precio del maíz se disparó -3 por ciento en Estados Unidos-, aumento que el Programa Mundial de Alimento de la ONU atribuyó parcialmente al mayor uso de maíz estadounidense para el bioetanol.

Cada año, un porcentaje cada vez mayor de los cultivos del mundo -mandioca y maíz, azúcar y aceite de palma- está siendo desviado para la producción de biocombustibles, a medida que países industrializados aprueban leyes que obligan a un mayor uso de combustibles no fósiles y conforme fuerzas en surgimiento como China buscan nuevos recursos de energía para mantener en funcionamiento sus automóviles e industrias. La mandioca es una adición relativamente nueva al arroyo del biocombustible.

"El hecho que la mandioca esté siendo usada para biocombustible en China, que en Europa se esté usando colza o rapé y caña de azúcar en otras partes definitivamente está creando un cambio en las curvas de la demanda", notó Timothy D. Searchinger, académico en la Universidad de Princeton que investiga el tema. "Los biocombustibles están contribuyendo a precios mayores y mercados más escasos".

Metas

En Estados Unidos, el Congreso ya ordenó que el uso de biocombustibles debe alcanzar 36,000 millones de galones (136,260 millones de litros) anualmente para el año 2022.

La Unión Europea estipula que 10% del combustible para transportación debe venir de fuentes renovables como el biocombustible o la energía eólica para el 2020. Países como China, India, Indonesia y Tailandia también ya adoptaron objetivos para el biocombustible.

Ciertamente, muchos factores contribuyen a incrementar el precio de la comida, incluido el mal clima que arruina la producción de cosechas y altos precios del petróleo que vuelven costosa la transportación. El año pasado, por ejemplo, el clima inusualmente severo destruyó cosechas de trigo en Rusia, Australia y China, al tiempo que una infestación del insecto redujo la producción tailandesa de mandioca.

Olivier Dubois, experto en bioenergía por la Organización de Alimento y Agricultura en Roma, dijo que era difícil cuantificar el grado hasta el cual el desvío de biocombustibles había impulsado aumentos de precios.

"El problema es complejo, así que es difícil generar extensas declaraciones en las que se diga que los biocombustibles son buenos o malos", dijo. "Sin embargo, lo que sí es seguro es que los biocombustibles están jugando una parte. ¿Acaso es 20, 30 ó 40 por ciento? Eso depende del modelo que se tenga".

Si bien nadie está insinuando que los países deben abandonar los biocombustibles, Dubois y otros expertos alimentarios sugieren que estos deberían revisar y corregir sus políticas para que así las rígidas órdenes sobre el combustible puedan suspenderse cuando las reservas de alimento desciendan o cuando los precios suban demasiado.

"Realmente, la política debe ser que el alimento es primero", dijo Hans Timmer, el director del Grupo de Prospectos de Desarrollo del Banco Mundial.

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