Estados Unidos
Infantes de marina realizaban un patrullaje a pie el otoño pasado en el bastión talibán de Marjah, Afganistán, cuando mataron a tiros a una amenaza letal: un perro local que cometió el error de atacar al cobrador Labrador de los infantes de Marina.
El capitán Manuel Zepeda, el comandante de la CompañÃa F, Segundo Batallón, Sexto de Infantes de Marina, no se mostró arrepentido. Si el Labrador en el patrullaje hubiera resultado herido, los infantes de Marina habrÃan perdido a su mejor arma para detectar bombas a orillas del camino; y habrÃan llamado a un helicóptero de evacuación médica, tal como harÃan para un humano.
Un ataque contra el Labrador era un ataque contra un compañero combatiente.
Como lo expresó Zepeda ese dÃa: "Consideramos al perro otro infante de Marina".
El canino clasificado que participó en la incursión de los SEAL de la Armada del recinto de Osama bin Laden recientemente ha generado una ola de interés en los perros militares, que han sido usados por Estados Unidos desde al menos la Primera Guerra Mundial. Ahora, más valiosos que nunca, su número está al alza en Afganistán.
Quizá las tropas estadounidenses estén empezando a regresar a casa este verano, pero más perros están llegando allá. En 2007, los infantes de Marina iniciaron un programa piloto en Afganistán con nueve perros detectores de bombas, una cantidad que aumentó a 350 y se espera que alcance casi 650 para fines de año.
En general, unos 2,700 perros están en servicio activo en las fuerzas militares de Estados Unidos. Hace una década, antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, habÃa 1,800.
"La mayor parte del público no tiene conocimiento de lo que estos perros aportan a la seguridad nacional", dijo Gerry Proctor, un portavoz de los programas de entrenamiento en la Base Lackland de la Fuerza Aérea en Texas, incluida la Escuela de Perros de Trabajo Militar.
Los perros son usados para protección, persecución, rastreo y búsqueda y rescate, pero los militares también dependen cada vez más de ellos para que detecten por medio del olfato las bombas de fabricación casera que causan la enorme mayorÃa de vÃctimas estadounidenses en Afganistán.
Hasta ahora, ningún humano o tecnologÃa creado por el hombre puede hacerlo mejor.
Dentro de las fuerzas militares, las razas preferidas son generalmente pastores alemanes y pastores belgas, o Malinois, pero los infantes de Marina en Afganistán confÃan en los cobradores labradores de pura raza debido al buen olfato y el temperamento no agresivo y complaciente de los perros.
Los labradores ahora acompañan a muchos patrullajes a pie de los infantes de Marina en la provincia de Helmand en el sur de Afganistán, andando sin cadena unos 92 metros o más por delante como detectores de bombas.
Es el trabajo vital de un can entrenado a un gran costo (el cual para las fuerzas militares estadounidenses puede alcanzar los 40,000 dólares por perro), pero al final de un dÃa sofocante, en ocasiones un Labrador sigue siendo un Labrador.
La primavera pasada en un patrullaje en el distrito de Garmsir de Helmand, un Labrador, Tango, encabezaba a un pequeño grupo de infantes de Marina en una carretera de tierra que conducÃa a una aldea cuando el perro repentinamente se echó por completo, agitando la cola; un signo de que habÃa detectado explosivos cerca.
La patrulla se quedó quieta mientras un equipo de explosivos de la InfanterÃa de Marina investigaba. No se encontró bomba alguna y la patrulla continuó, pero de regreso el perro, miserable en el calor de casi 39 grados centÃgrados y como la mayorÃa de los cobradores labradores un buen nadador, abandonó sus deberes y saltó a un canal de irrigación para refrescarse.
Pero luego no pudo trepar de nuevo por la empinada orilla. Uno de los infantes de Marina, sudando copiosamente, finalmente saltó al canal y sacó al perro en sus brazos.
Varios murieron en acción
Los lazos que crecen en la batalla entre los labradores y sus manejadores de la InfanterÃa de Marina ya son tema de historias de guerra conmovedoras.
Pero pocas han tenido el impacto emocional de la del cabo de primera clase Colton W. Rusk, un artillero de la InfanterÃa de Marina de 20 años de edad y manejador de un perro que murió en diciembre por el disparo de un francotirador en Sangin, una de las áreas más letales en Helmand.
Durante su despliegue, Rusk envió a sus padres un flujo constante de fotos y noticias sobre su amado perro detector de bombas, Eli, un Labrador negro. Cuando Rusk fue abatido, dijeron oficiales de la InfanterÃa de Marina a sus padres, Eli trepó sobre su hijo para tratar de protegerlo.
Eli, de tres años de edad y el primer nombre de los supervivientes enlistados en el obituario de Rusk, fue retirado antes del servicio militar y adoptado en febrero por los padres de Rusk, Darrell y Kathy Rusk.
"Es un gran consuelo para nosotros", dijo Kathy Rusk en una entrevista telefónica desde su casa en Orange Grove, Texas.
Después de la ceremonia de retiro del perro en febrero en Lackland, un acto que generó enorme cobertura noticiosa en Texas, los Rusk llevaron por primera vez a Eli a su casa.
"El primer lugar al que se dirigió fue la habitación de Colton", dijo Kathy Rusk. "Olfateó y saltó sobre su cama".
Hasta ahora, 20 cobradores Labradores de los 350 han muerto en acción desde que empezó el programa de la InfanterÃa de Marina, la mayorÃa en explosiones de bombas de fabricación casera, dijeron funcionarios de la InfanterÃa de Marina.