Estados Unidos
Angélica Hernández se destacó en la secundaria y en la universidad, y se graduó este mes en ingeniería mecánica en la Universidad Estatal de Arizona, pero no sabe si podrá sobresalir en el campo de la ingeniería, a pesar de la recuperación de un mercado laboral que muestra interés en profesionales capacitados.
Ello se debe a que Hernández es una indocumentada que no puede trabajar legalmente. La mexicana, de 21 años, cruzó el desierto de Arizona con su madre y una hermana cuando tenía nueve años. Su padre ya se encontraba en Phoenix y su madre quería que estuviesen todos juntos.
Hernández comenzó a cursar el cuarto grado de la escuela primaria en la Mitchell Elementary School de Phoenix y cuando pasó a la Pueblo Del Sol Middle School, en el sexto grado, ya no necesitaba tomar clases de inglés.
Al iniciar la secundaria, en la Carl Hayden High School, estaba totalmente asimilada, competía en cross country, atletismo y fútbol, era presidenta de la National Honors Society, participaba en un programa para formar líderes e integraba el equipo de robótica.
Hizo todo esto consciente de que su status migratorio era un gran problema.
En 2007 fue seleccionada La Joven Sobresaliente del Distrito 7 de Phoenix y asistió a un almuerzo con el alcalde Phil Gordon.
"Fue algo bastante irónico", relató Hernández. "Estaba allí, con el alcalde y con otros estudiantes, y era indocumentada, pero allí estaba, con todos los demás". El equipo de robótica le permitió concentrarse en la ingeniería y una beca presidencial le hizo posible ir a la universidad.
La campaña de Arizona para combatir a los indocumentados fue un golpe duro.