Reino Unido
El magnate de prensa Rupert Murdoch y su hijo tuvieron que someterse al interrogatorio de una comisión parlamentaria en torno al papel de ambos en el escándalo por espionaje telefónico.
De aspecto frágil y aire confundido, Rupert Murdoch, de 80 años, al principio parecía arrepentido: azotó sus manos contra la mesa y dijo que el día era el más humillante de su vida.
Sin embargo, se le vio cada vez más frustrado cuando los legisladores de la comisión lo abrumaron con preguntas, y con frecuencia recurrió a su hijo James para que este diera las respuestas.
Murdoch se negó a cargar culpas en el escándalo de las escuchas ilegales e insistió en la falta de pruebas de presuntos pinchazos telefónicos a víctimas de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
La sesión fue interrumpida brevemente cuando un hombre trató de arrojarle al rostro un plato repleto de lo que parecía ser espuma de afeitar, sin conseguirlo debido a que la esposa del magnate, Wendi Deng, que se encontraba a proximidad, le bloqueó el gesto.
Según la televisión Sky News, el individuo es un humorista. "Nunca me sentí tan humilde como hoy", afirmó el magnate norteamericano de origen australiano en el inicio de su comparecencia ante la Comisión de Cultura, Medios de Comunicación y Deportes del Parlamento.
Avergonzado
Cuando un diputado le preguntó si asumía ser "en última instancia el responsable de este fiasco", Murdoch respondió : "No", aduciendo la imposibilidad de supervisar todo lo que se hace en un conglomerado de medios de 53,000 empleados. Y al preguntársele quién podían ser los principales responsables del caso, contestó: "Las personas en quienes deposité mi confianza y luego tal vez las personas en quienes ellas confiaron".
Murdoch subrayó por otro lado que las sospechas que podrían extender a Estados Unidos el incendio que hace tambalear a News Corporation, su imperio mediático, son hasta ahora totalmente infundadas.
"No hemos visto ninguna prueba" de pinchazos telefónicos a familiares de víctimas de los atentados del 11 de septiembre "y por lo que sabemos el FBI tampoco", afirmó Murdoch.
"Si las encuentran, trataremos el caso exactamente del mismo modo que lo estamos haciendo aquí", agregó. El caso obligó a Murdoch a cerrar News of the World, un periódico faro que llevaba 168 años de existencia. "Tuvimos vergüenza de lo que ocurrió. Fallamos a la confianza de nuestros lectores", explicó.
El ejecutivo tuvo que desprenderse además de dos estrechos colaboradores: Rebekah Brooks, directora de News International (rama británica del imperio Murdoch) que había sido redactora jefa de News of the World de 2000 a 2003, y Les Hinton, jefe de la filial estadounidense de Dow Jones, que publica The Wall Street Journal.
Brooks, la "reina de los tabloides", hasta muy recientemente superpoderosa y adulada, compareció a continuación.
La mujer, que renunció a su cargo la semana pasada, fue detenida el domingo durante doce horas y liberada bajo fianza, bajo los cargos de corrupción de policías y complicidad en escuchas telefónicas ilegales.
Brooks también condenó los pinchazos telefónicos, aunque justificó la utilización de detectives privados en busca de exclusivas.