Guatemala
El próximo presidente guatemalteco, que será elegido en los comicios del domingo, heredará un erario en bancarrota y una nación sumida en la violencia y la pobreza, que afectan a la mayoría de sus 14 millones de habitantes.
Los partidos derechistas de oposición, que se disputarán entre ellos la presidencia ante la ausencia de candidato de la socialdemocracia gobernante, bloquearon en el Congreso los intentos de reforma fiscal destinados a aumentar la recaudación, así como la aprobación de préstamos por 500 millones de dólares para financiar el presupuesto de este año.
El presidente Álvaro Colom, que entregará el 14 de enero próximo el sillón presidencial al ganador de los comicios, advirtió recientemente sobre los problemas que enfrentará el próximo gobierno por la falta de recursos y que a su entender le impidieron combatir la pobreza y la violencia.
Rechazan nuevos tributos
El favorito de los sondeos, el general retirado derechista Otto Pérez, dijo que su Partido Patriota se ha opuesto en el Congreso a aprobar los créditos para no endeudar más al país, donde el 51% de sus habitantes vive en la pobreza.
Guatemala sobrevive, igual que otros países centroamericanos, gracias a la ayuda extranjera, que cada año cubre parte del presupuesto nacional. Además, las remesas que envían emigrantes guatemaltecos en Estados Unidos son vitales para el sustento de millares de familias pobres.
Pese a la falta de recursos, ningún candidato presidencial incluyó en su programa una reforma fiscal, rechazada por la poderosa cúpula empresarial desde hace tres décadas. Por ello, parece difícil que pueda incrementarse la recaudación, que apenas alcanza 10.4% del Producto Interno Bruto, una de las tasas más bajas de América Latina.
"No hablamos de nuevos impuestos ni de subir tasas" impositivas, afirmó Otto Pérez, quien ha prometido obtener recursos combatiendo el contrabando. Otra promesa incumplida que dejará Colom será el abatimiento de la violencia: Guatemala tiene uno de los mayores índices de homicidios del mundo, 48 por cada 100,000 habitantes, seis veces más alto que la media mundial.