Estados Unidos
Aunque prometedoras, las nuevas técnicas desarrolladas por los investigadores de la Universidad de Pensilvania sí presentan riesgos para el paciente.
Las células T creadas por ingeniería genética atacaron al tejido sano en pacientes en otros centros. Tal reacción mató a una mujer de 39 años que padecía cáncer avanzado de colon en un estudio en el Instituto Nacional de Oncología, reportaron investigadores el año pasado en la revista Molecular Therapy.
Investigadores en el Memorial Sloan Kettering Cancer en Nueva York también informaron de una muerte el año pasado en una prueba de células T para leucemia (también publicado en Molecular Therapy).
La autopsia reveló que, al parecer, el paciente murió a consecuencia de septicemia y no por las células T, pero debido a que murió solo cuatro días después de la infusión, los investigadores dijeron que consideraron al tratamiento como un factor posible.
June dijo que su equipo espera usar células T contra tumores sólidos, incluidos algunos que son muy difíciles de tratar, como el mesotelioma, y los cánceres ovárico y pancreático. Sin embargo, posibles reacciones adversas son una preocupación real, dijo, y notó que una de las proteínas objetivo en las células de tumores también se encuentra en las membranas que cubren el tórax y el abdomen.
Los ataques de las células T podrían causar una inflamación grave de esas membranas e imitar al lupus, una enfermedad autoinmune grave.
Incluso si las células T no golpean a blancos inocentes, aún hay riesgos.
Las proteínas que liberan podrían causar una “tormenta citocínica” –fiebres altas, hinchazón, inflamación y presión sanguínea peligrosamente baja– que puede ser fatal. O, si el tratamiento mata rápidamente a miles de millones de células cancerosas, los restos pueden dañar los riñones y causar otros problemas.
Aun si el nuevo tratamiento con células T funciona, se necesitará a la industria farmacéutica para que lo produzca masivamente. Sin embargo, June dijo que la investigación se realiza solo en universidades, y no en compañías farmacéuticas.
Para que dicha industria se interese, dijo, tendrá que haber pruebas abrumadoras de que el tratamiento es mucho mejor que los existentes.
Cuando los médicos se acercaron a Ludwig, pensó que si la prueba le podía dar de seis meses a un año, valdría la pena arriesgarse. Sin embargo, si no lo ayudaba, sintió que aun así valdría la pena si podía ayudar.
Cuando se presentaron las fiebres, no tenía ni idea que podría ser algo bueno. Sin embargo, unas semanas después, su oncóloga Alison Loren le dijo: “No podemos encontrar cáncer en tu médula espinal”. Al recordar el momento, Ludwig hizo una pausa y dijo: “Sentí mariposas en el estómago solo de decirle esas palabras”.
Antes del estudio, Ludwig estaba débil, padecía neumonía con frecuencia y se estaba consumiendo. Ahora está lleno de energía. Ha subido 18 kilogramos de peso. Su esposa y él compraron una caravana en la cual viajan con su nieto y un sobrino.
“Me siento normal, como hace 10 años, antes de que me diagnosticaran”, dijo Ludwig. “Esta prueba clínica me salvó la vida”.