Estados Unidos
A Wall Street le encanta pavonearse por sus conquistas en ultramar.
Vikram S. Pandit, el director general de Citigroup, prometió descaradamente en 2009 que “seremos la única institución de servicios financieros más grande en los mercados emergentes”. El director ejecutivo de Goldman Sachs, Lloyd C. Blankfein, dijo en una conferencia el año pasado que uno de los grandes objetivos de su entidad era “ser Goldman Sachs en más lugares”.
Sin embargo, existe una verdad impasible para tener éxito en esos mercados riesgosos: a menudo, el camino a las ganancias está lleno de errores y reveses.
“Muchos bancos grandes miran hacia los mercados en desarrollo, pero, históricamente, ha tendido a ser una medida impredecible”, notó James Sinegal, un analista de la banca en la firma de investigación Morningstar. “Podría no ser tan fácil como esperan”.
Emergentes
Bancos como Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley persiguen los beneficios potenciales fuera de Estados Unidos. Las economías de países como China, India y Brasil crecen más rápido que la de Estados Unidos. Tales sitios también representan una base clientelar sin explotar, con una clase media en crecimiento y gran cantidad de individuos acaudalados.
A medida que disminuyen las ganancias en el frente interno, instituciones de Wall Street dependen cada vez más de los mercados emergentes para reforzar sus balances. Citicorp, una división de Citigroup, extrae cerca de la mitad de sus ingresos de países emergentes, en comparación con aproximadamente 25 por ciento en 2005.
Los mercados internacionales representan 47 por ciento de las ganancias de Goldman. Morgan Stanley generó casi un tercio de su ingreso neto fuera de América.
“Con la desaceleración en Estados Unidos, no es de sorprenderse que las instituciones busquen en los mercados emergentes”, comentó Hamid Biglari, un vicepresidente y director de mercados emergentes en Citicorp.
Sin embargo, pueden abundar los peligros, con retos económicos, políticos y normativos. Reguladores extranjeros han amonestado a los bancos, los han multado e, incluso, prohibido sus actividades en varios países. Citigroup se metió en problemas en dos ocasiones con autoridades japonesas.
A su vez, Wall Street dice que limpió la casa en sus oficinas en ultramar, tomó el control de empresas extranjeras y aprovechó a los banqueros locales para dirigir proyectos nuevos. El conocimiento local es especialmente crítico ya que las instituciones tratan de moverse en el entorno normativo y político que es fundamental para el negocio bancario.
A principios de este año, Citigroup se metió en un buen lío con los reguladores indonesios. Después de una investigación de presunta malversación de un empleado y la muerte de un cliente tras sostener reuniones con cobradores de deuda externos al banco, el banco central indonesio impuso sanciones a Citigroup, incluida la prohibición por un año de abrir nuevas sucursales.
En junio, el banco removió a su principal ejecutivo del país y lo sustituyó con Tigor M. Siahaan, originario de Indonesia, avezado banquero con experiencia en tratar con reguladores y funcionarios gubernamentales locales. Ahora, el banco está ajustando sus controles internos, integrando a la institución el cobro de deudas y rotando al personal administrativo con regularidad. El banco dijo que también trabaja estrechamente con autoridades indonesias.
“El cómo comportarse responsablemente en estos mercados llega con la experiencia”, dijo Biglari. “Tienes que idear cómo trabajar con las normas culturales”.
Las instituciones financieras también se dieron cuenta de que necesitan comprometerse con un mercado porque puede llevarse años, si no es que décadas, forjar relaciones locales y comprender las costumbres del país.
Mientras que Goldman dice en su sitio web que tiene presencia en Rusia desde 1998, ha tenido problemas ahí. No mucho después de iniciar operaciones en Rusia, Goldman las redujo porque le preocupaba la crisis financiera que provocó que el gobierno devaluara el rublo. Cerró la oficina en Moscú y reubicó al personal.
Christopher Barter, codirector ejecutivo de las operaciones rusas de Goldman, dijo que el banco de inversiones no debió haber abandonado el país. “Perdimos años de dejar huella allá”, notó. “Cuando entras en un país, tienes que mantener tu compromiso”.
Se llevó años volver a levantar el negocio en Rusia. Goldman reabrió su sucursal en Moscú en 2001, pero no progresó del todo sino hasta 2006, cuando obtuvo la licencia de corretaje. Hoy, la institución tiene 140 empleados en Rusia, en comparación con 30 hace cinco años. Ha establecido vínculos más fuertes en el país desde que regresó.
En 2008, Goldman realizó una reunión de consejo en Rusia, un signo de su resurgimiento allá. Michael Sherwood, el vicepresidente de Goldman Sachs, ahora va a Rusia varias veces al año.