Chile
Después de su dramático rescate de una mina el año pasado, Jimmy Sánchez viajó por el mundo, navegó por las islas griegas, visitó Reino Unido, Israel, Los Ángeles, Disney World: todo pagado por gente que se conmovió con la historia de coraje y perseverancia de los mineros chilenos.
Pero hoy día, Sánchez, al igual que muchos de los 33 mineros que sobrevivieron 69 días a casi 800 metros debajo de la tierra, está desempleado y en las últimas.
Dos veces al mes, se sube a un autobús que va a Santiago, la capital chilena, viajando 11 horas en cada sentido para visitar a un psiquiatra.
Es uno de nueve mineros que recibe su paga por enfermedad debido a la prolongada tensión postraumática; un puñado de los otros dice que están viendo a terapeutas particulares.
“La mayoría de nosotros estamos en el mismo lugar con problemas emocionales y psicológicos”, dijo Sánchez, de 20 años de edad. “Fue el temor a que nunca más veríamos a nuestras familias, que íbamos a morir. Sencillamente no podemos sacudirnos esos recuerdos”.
Un año después de su rescate televisado por todo el mundo, una vez que la atención popular se desvaneció y los viajes y ofrecimientos han menguado, los mineros dicen que en su mayoría están desempleados y que muchos son más pobres que antes.
Solamente un puñado de ellos tiene empleos fijos, destacan. Apenas cuatro han regresado a la minería. Otros dos, Darío Segovia y Víctor Zamora, están tratando de llegar al final de mes vendiendo frutas y vegetales, uno desde un puesto frente a su hogar y el otro desde su camioneta. “Hicieron que nos sintiéramos como héroes”, dijo Edison Peña, otro minero, quien ahora está en una clínica psiquiátrica. “A final de cuentas, estamos vendiendo cacahuates. Resulta irónico, ¿no?”
A algunos de los mineros les han pagado para dar entrevistas u ofrecer discursos motivacionales. Sin embargo, esas oportunidades terminaron siendo efímeras para la mayoría. Ahora, muchos cuentan con que una película de Hollywood –que aún no tiene guión– se convierta en su salvador económico.
Peña, el minero que se volvió famoso por su amor a Elvis Presley y correr, está enfrentando el trauma ocasionado no solo por el tiempo que pasó abajo sino también por las consecuencias del rescate, cuando las exigencias de la celebridad instantánea terminaron siendo abrumadoras, dijo su médico, lo cual lo condujo al abuso de drogas y alcohol.
Tres mineros, incluido Sánchez y Segovia, reanudaron hace poco su tratamiento psiquiátrico luego que volvieran las pesadillas y el insomnio. Los médicos dijeron prever que más de ellos sufrirían una recaída, y que muchos sobrevivían ahora con un régimen constante de sedantes y antidepresivos.
“Esto es muy similar al sufrimiento de veteranos de Vietnam”, destacó Rodrigo Gillibrand, el psiquiatra que atiende a los 10 hombres con licencia por enfermedad cubiertos por el seguro laboral, aunque la mina ya fue cerrada. “Ellos padecen síntomas postraumáticos que podrían ser crónicos”.
En la víspera del rescate, los mineros se beneficiaron de una profusión de simpatía y apoyo. Un magnate chileno de la minería, Leonardo Farkas, le dio a cada uno de los 33 mineros más de 15,000 dólares para que pudieran descansar y recuperarse. Además, les dio hogares a unos pocos que se iban a casar, amén que dijo haberle ayudado a uno de los mineros a encontrar atención psiquiátrica luego que el minero encontrara a su prometida con otro hombre
Sánchez, como casi los nueve mineros entrevistados, dijo que deseaba regresar a las minas. Sin embargo, Gillibrand ha recomendado que ninguno de ellos trabaje de nuevo bajo la tierra.
José Ojeda intentó regresar en febrero. Después de haber descendido más de 300 metros en un camión de perforación, el suministro de agua se interrumpió. Un asistente fue a encenderlo de nuevo, dejando solo a Ojeda. Sufrió un ataque de pánico.
“Empecé a sudar mucho, sudor frío”, dijo. “Ni siquiera recuerdo cómo me sacaron; perdí el conocimiento”.