Estados Unidos
Más de 40 años después de haber llegado a Nueva York proveniente de México sin educación y sin dinero, Félix Sánchez de la Vega Guzmán aún habla inglés a duras penas. Si le hacen una pregunta, responde con unas cuantas frases entrecortadas y una sonrisa de disculpa antes de volver a la comodidad del español.
Sin embargo, Sánchez ha vivido la gran historia del éxito americano. Convirtió un negocio de venta de tortillas en la calle en un imperio de manufactura de alimentos de 19 millones de dólares, el cual enlaza a la diáspora mexicana de costa a costa y se extiende hasta el mismo México. Sánchez forma parte de una pequeña clase de recién llegados que llegaron a Estados Unidos con nada y, pese a que no hablaban nada o muy poco inglés, se volvieron notablemente prósperos. Además, al tiempo que generaciones de inmigrantes han prosperado a pesar de barreras del lenguaje, en últimas fechas la tecnología ha facilitado que este tipo de empresarios amasen considerable riqueza.
Muchos han arraigado sus negocios en grandes ciudades con poblaciones de inmigrantes suficientemente grandes para aislarlos de las situaciones cotidianas que exigen el uso del inglés. Después de cobrar impulso en sus propias comunidades, han usado las herramientas de la comunicación moderna, el transporte y el comercio para aprovechar distantes recursos y explotar mercados en enclaves similares por todo el país y el mundo.
“La totalidad del mercado es hispano”, dijo Sánchez sobre su negocio. “No necesitas el inglés”. Los tratos, destacó, están apenas a una barata llamada de distancia o unas cuantas palabras en la computadora.
“Todo en español”, agregó.
Sánchez, de 66 años de edad, dijo que siempre quiso aprender inglés pero no tenía tiempo para tomar clases. “No podía concentrarme”, dijo, en una reciente entrevista, en español. “Además, toda la gente a mi alrededor también hablaba en español”.
Cuna de emprendedores
En la ciudad de Nueva York han surgido exitosos empresarios como Sánchez de las mayores poblaciones de inmigrantes que no hablan inglés, incluidas la de China, Corea del Sur y países de habla española. Zhang Yulong, de 39 años de edad, quien emigró de China en 1994, ahora preside un imperio de accesorios para teléfonos celulares que produce 30 millones de dólares anuales en Nueva York, con 45 empleados.
Ki Chol-kim, de 59 años, quien llegó a Estados Unidos de Corea del Sur en 1981, abrió una tienda de accesorios de ropa en Brooklyn y después se convirtió en un exitoso minorista, inversionista en bienes raíces y líder de la diáspora coreana de la región. En Estados Unidos en 2010, 4.5 millones de adultos que perciben ingresos y eran jefes de familia hablaban inglés “nada bien” o “ni en lo más mínimo”, con base en datos de la Oficina del Censo; de esos, aproximadamente 35,5000 tenían ingresos familiares superiores a 200,000 dólares al año.
Nancy Foner, catedrática de sociología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, quien ha escrito ampliamente sobre inmigración, dijo que era claro que la tecnología moderna había marcado una enorme diferencia en la capacidad de empresarios inmigrantes con pocos o ningún conocimiento de la lengua inglesa para expandir sus empresas en el ámbito nacional y mundial.
“Hace 100 años no era imposible -pero sí mucho más difícil- que inmigrantes operaran negocios por todo el mundo, cuando no había aviones de propulsión a chorro, por no mencionar teléfonos celulares y computadoras”, dijo Foner.
¿Inglés básico?
Defensores del movimiento a veces conocido como Inglés Oficial han pugnado largamente por una legislación que obligue a que el inglés sea el idioma oficial del gobierno, argumentando que un lenguaje en común es esencial para la cohesión del país y para la asimilación y éxito de los inmigrantes.
Sin embargo, historias como la de Sánchez, aunque ciertamente inusuales, al parecer sugieren que un empresario puede tener buenos resultados sin el inglés; particularmente con la ayuda de tecnología moderna, sin mencionar determinación e inventiva. Para Sánchez, quien se convirtió en ciudadano estadounidense en 1985, un momento de ansiedad llegó cuando tuvo que aprobar su examen de naturalización. La ley exige que los aspirantes sean capaces de leer, escribir y hablar inglés básico.
Sin embargo, Sánchez y otros empresarios dijeron que la prueba -cuando menos en la época en que la presentaron- había sido rudimentaria y ellos habían logrado aprobarla por muy poco.
Sánchez inmigró a Estados Unidos en 1970 proveniente del estado mexicano de Puebla con educación apenas hasta el quinto grado.
Tuvo diversos empleos de bajo sueldo en Nueva York, incluido lavaplatos en un restaurante. La población mexicana en la región de Nueva York era pequeña en esos tiempos, pero empezó a crecer al poco tiempo, al igual que la demanda de auténticos productos mexicanos.