España
La única respuesta que encontró a su angustia fue escapar. La pobreza motivada por la falta de empleo y la violencia que azotan al país fueron las razones que obligaron a Olga Marina Rivera (52) a dejar atrás el suelo que la vio nacer.
Lo hizo por la puerta que se llama emigración, esa misma que conduce a dos caminos: el “sueño americano” y el “sueño español”. Olga apostó su patrimonio a España.
Emigró de Honduras por la difícil situación económica que atravesaba en su natal Talanga, Francisco Morazán. Las condiciones de pobreza que se viven en 6 de cada 10 hogares hondureños obligaron a esta mujer a empeñar su casa y alejarse del país para vencer la escasez y sacar adelante a sus hijos.
Olga Marina es una madre soltera, encargada de ocho hijos, que hace cuatro años se dedicaba a la venta de verduras para llevar ropa y alimento a su hogar. Ella aún recuerda con tristeza cuando las ventas comenzaron a decaer.
En aquel entonces las deudas se hacían mayores, el dinero era insuficiente, la situación se tornaba difícil y había momentos en los que no sabía qué hacer.
En una ocasión la desesperación la condujo hasta una casa de préstamos. Cambió los papeles de su casa por 45 mil lempiras en efectivo.
En seguida se compró un boleto a Europa, sin imaginar lo que acá le esperaba. A ella le atrajo el “sueño español” como a otros 30 mil hondureños que según el Foro Nacional para las Migraciones en Honduras (Fonamih) viven en España. La humilde mujer pagó la suma de 24 mil lempiras por el viaje. El resto lo cambió en euros para cubrir sus gastos en el camino.
Olga Marina partió de Honduras a El Salvador y luego se trasladó a Venezuela. Ahí tomó un avión que la llevó al aeropuerto Intercontinental Leonardo da Vinci de Roma, Italia, y después tenía que volar a España. Sin embargo, la mujer nunca llegó a su destino. En Italia fue detenida con cuatro hondureños más (tres hombres y una mujer). Nadie les dio explicación.
Ella solo recuerda que varios agentes de migración les quitaron el pasaporte y en seguida los encerraron en un lugar donde soportaron hambre y frío. “Ese día viví momentos bastante angustiosos, pasamos hambre porque ni comida le dan a la gente, ahí lo tenían como preso a uno”, relata la mujer. Olga y los demás hondureños perdieron el equipaje con el que viajaban hasta España.
Retorno
Al día siguiente de la detención todos fueron deportados. La suerte de este pequeño grupo de hondureños es la misma que encuentran decenas de catrachos que a diario intentan llegar a Europa en búsqueda de oportunidades. Es aquí donde se encuentran las primeras barreras que debe sortear el hondureño que decide viajar hasta Europa a buscar el “sueño español”. En los registros de Fonamih se maneja que en el continente europeo residen al menos 150 mil hondureños. España es el principal destino, seguido por Italia, país que rompió los sueños de Olga Marina.
En su regreso a Honduras, los ánimos de esta mujer habían decaído, no entendía la mala fortuna, se había endeudado y temía perder su hogar. Sin embargo, ella nunca se dio por vencida y, en medio de la tristeza y la desilusión, aún tenía esperanzas y decidió volverlo a intentar. A los 20 días de haber sido deportada de Italia y haber regresado a Honduras, Olga se volvió a endeudar.
En su segundo intento, la mujer pagó 28 mil lempiras por otro boleto de avión. La desesperación la obligó a cambiar su ruta a Europa y decidió volar a Cuba. Ahí tomó un avión a Francia y después voló a España. La mujer pasó horas de tensión al arribar a Francia. Sin embargo, su meta la cumplió.
En las terminales aéreas de España y otras naciones de Europa, con frecuencia detienen pasajeros de origen latinoamericano, ahí deben pasar por minuciosos interrogatorios.
La mayoría alega su ingreso como turista, ellos llegan sin visa, pero deben comprobar que en efecto su intención únicamente es conocer el viejo continente. El extranjero tiene que mostrar reservaciones de hotel y fondos para su estadía. Las personas que no lo demuestran son deportadas. En su segundo intento, Olga cumplió su meta.
“La segunda vez llegué acá sin problemas y después comencé a buscar trabajo porque tenía que recuperar mi casa en Honduras”, dice doña Olga.
En el suelo español comienza otra parte del sufrimiento que vive el hondureño en el viejo continente. El compatriota, y todo extranjero que llega a España sin un permiso de trabajo y que ingresa en condición de turista, tiene 90 días para permanecer en el país. Transcurrido el tiempo, el extranjero pasa a condición ilegal.
Olga Marina ha pasado tres años y algunos meses residiendo sin documentos en España. Ella vive en Gerona, una ciudad que pertenece a la región de Cataluña (noreste de España), que se ubica a unos 100 kilómetros de Barcelona, la segunda ciudad más importante de la madre patria. Aquí vive con su hijo mayor, Jimmi Moreno (22), que se vino a España detrás de su madre.
Honduras aparece como la tercera comunidad extranjera más grande de Gerona. Aquí residen unos 6,000 hondureños y otros 2,000 están en la localidad de Salt, ciudad hermana de Gerona. La situación de Olga es la misma que enfrenta la mayoría de catrachos en la madre patria.
En las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas de España aparece que, de un registro de 23,512 hondureños, apenas 2,140 tienen la nacionalidad española. Otro número reducido tiene permiso para trabajar. Sin embargo, la mayoría de los hondureños están de forma ilegal.
El hondureño solo puede adquirir papeles después de tres años de residir en España, siempre y cuando el gobierno decida aprobar un nuevo proceso de regularización de inmigrantes. También puede obtener documentos por medio de un contrato de trabajo extendido por un empresario español.
Alarma
La preocupación hondureña se ha incrementado. Olga Marina vive alarmada. Los países de la Unión Europea están dispuestos a expulsar a los extranjeros que residen sin documentos en este lugar. El primer paso se dio. El pasado mes de junio fue aprobada la nueva “Directiva de Retorno” que contempla la detención hasta por 18 meses de aquellas personas que se resisten a regresar de manera voluntaria a su país.
“La verdad es que todos estamos preocupados con esa nueva ley”, dice Olga. En Italia y en Francia las capturas han iniciado. En España se habla de que están por llegar. El embajador de Honduras en España, Eduardo Martell, ha asegurado que hay peligro con las nuevas reglas migratorias en Europa. Los hondureños viven momentos de angustia, la incertidumbre aumenta; EL HERALDO se convirtió en testigo del sufrimiento que atraviesan los catrachos en la ciudad de Gerona.