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Hambre azota a El Paraíso

Los pobladores de El Paraíso han hecho un llamado angustioso al gobierno para que lleven alimentos.
14.03.10 - Actualizado: 14.03.10 08:27pm - Benjamín Martínez: diario@elheraldo.hn

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El Paraíso,

Honduras

En los municipios más empobrecidos del departamento de El Paraíso la anunciada hambruna es una realidad que asoma su oscuro manto.

Los más vulnerables se encomiendan a Dios y esperan que la ayuda vendrá del cielo, los alcaldes solo dicen que esperan ser socorridos por el gobierno central y organizaciones como la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco).

También se atienen a que la cooperación internacional vuelva a extender su mano.

Al igual que en la zona sur, en los municipios más pobres de El Paraíso nadie tiene granos de reserva, las cosechas de postrera se perdieron totalmente y las pocas reservas que las familias habían guardado de las siembras de primera de 2009 se están terminando angustiosamente.

De acuerdo con Copeco, en el departamento de El Paraíso saldrán afectadas severamente más de 3,500 familias que viven en los municipios de San Antonio de Flores, Yauyupe, San Lucas, Oropolí y Alauca.

También se anuncia hambruna en los municipios de Texiguat, Potrerillos, Yuscarán, Güinope y Vado Ancho.

Soledad y Liure completan la lista de los municipios de El Paraíso que, de acuerdo con las estimaciones de la Copeco, resultarán mayormente afectadas por la sequía que empezó desde julio del año pasado y se extenderá por lo menos hasta junio de 2010.

Hambre y enfermedades

"Hay veces que comemos, hay veces que no, y muchos días que ni siquiera prendemos el fogón, porque no hay nada para cocinar", asegura Genara Sánchez, de la aldea de Las Manzanillas, en el municipio de Alauca.

"Esto es bíblico, no hay que renegar", agrega Genara mientras tiembla, según ella, aquejada por una fiebre producto de la malaria.

La mujer dijo que ni siquiera ha intentado ir al centro de salud de la cercana cabecera municipal, porque no tiene los diez lempiras que le pedirán por la consulta y además ella sabe que solo va a conseguir dos pastillas blancas de las que le dan a todos los enfermos sin importar el mal que padezcan.

"Comemos tortillas cuando hayamos maíz, pero nosotros no tenemos dónde sembrar y cuando los hombres de la casa consiguen trabajo entonces compramos maíz y acompañamos las tortillas con un puñito de sal", aseguró Genara.

A la buena de Dios

Como siempre, las mujeres están en la primera línea de las víctimas, porque ellas como amas de casa son las que en verdad deben vérselas a la hora de alimentar a los niños de la casa, a los ancianos y también a los hombres. A ellas les toca el milagro cotidiano de repartir escasas raciones entre numerosas familias.

Ese es el caso de Luz Elena Torres, quien tienen cuatro hijos con nietos y no sabe cómo va a alimentarlos, porque los pocos granos que había guardado la familia ya se terminaron.

Elena declaró que el año pasado no se cosechó casi nada porque sencillamente no llovió y además los hombres de la familia no consiguen trabajo.

Elena todavía recuerda los días de gloria en que podían comer arroz con frijoles, pero de eso ya hace muchas semanas. Distinto es para Albertina Coello, en Las Manzanillas, que ni siquiera tiene casa y vive como ella dice "a la buena de Dios" en una casa prestada.

Albertina comparte su miseria con su esposo y dos niños que son nietos de ambos. La pareja debe de cuidarlos porque las mamás de ellos se fueron a cortar café en las montañas de la sierra de Dipilto y con ese dinero consiguen alimentarlos y a veces comprarles alguna ropa.

Pero el hambre es una bestia insaciable que hinca sus dientes por todos lados.

En Las Lagunetas, del municipio de Alauca, Isabel Castro Amaya, un agricultor con la piel curtida por el sol, dijo que el año pasado, como no llovió, no hubo ni frijoles ni maicillo y agregó que no sabe como él, su mujer y sus hijos han podido llegar hasta el día de hoy.

Isabel dijo que a él nunca nadie le ha ayudado y que solo recuerda aquella vez que en 1997 le regalaron un saco de fertilizante para su maíz. Tiene cuatro hijas y no sabe cómo va alimentarla en los tres meses que siguen antes de que se presenten las primeras lluvias.

Luis Espinal, alcalde de Alauca, que todavía no termina de instalarse en el sillón que ocupa hace poco más de un mes, dijo con franqueza que es casi nada lo que puede hacer por sus conciudadanos.

Son 9,949 personas las que viven en Alauca, pero el alcalde reconoció que no hay un plan estratégico para enfrentar la hambruna.

En Alauca el problema es doble, porque gran parte de la población vive de la venta de rosquillas, pero el maíz está en el comienzo de la cadena de producción de este producto, por lo que la carestía de maíz ha provocado que tampoco haya dinero para comprarse la comida.

Espinal dijo que la gente ya está pasando hambre en Las Anonas, Momotombo, Pedregalito, Chinanpas, Los Matazanos, La Chichigua y otros lugares.

"La cosechita de primera nos ha estado sosteniendo, pero eso ya se terminó y aquí ni siquiera hay mangos como en el Sur, no sé cómo vamos a hacer", dijo el alcalde.

En el vecino municipio de Oropolí la situación no es mejor. José Luis Mendoza, jefe de la Unidad Municipal Ambiental, declaró que ayer se estaban entregando los últimos alimentos que dejó la corporación que terminó el pasado 25 de enero.

"Aquí la hambruna es una realidad, es una crisis y hay mucha gente que ya no prende ni el fogón, los que más tienen se comen la tortilla vacía", aseguró Mendoza.

La verdad proclamada por el funcionario fue confirmada por Maximina Sánchez, quien estaba costurando a mano las sandalias con las que su pequeña hija va a la escuela.

"No tenemos dinero, no hay maíz ni frijoles y para colmo tampoco hay trabajo", dijo la mujer que vive en el caserío El Desecho.

"Vamos a vivir de lo que Dios diga", dijo Maximina, madre de diez hijos. Solo cuatro de los vástagos se han quedado en la casa, los otros salieron a "buscar vida", pero dejaron algunos niños que hay que alimentar con lo poco que se logra conseguir cuando alguien de la familia encuentra trabajo a razón de 60 lempiras al día.

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Las familias afectadas por la sequía se han quedado sin sus milpas. Las reservas de la cosecha anterior ya se agotaron y por eso claman ayuda del gobierno.
Las familias afectadas por la sequía se han quedado sin sus milpas. Las reservas de la cosecha anterior ya se agotaron y por eso claman ayuda del gobierno.

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