Honduras
El gobierno del presidente Zelaya debe iniciar cuanto antes la depuración de la policía porque es preocupante que esté infiltrada por el crimen organizado, especialmente los protagonistas de la industria del secuestro, dijo ayer el ex ministro de Seguridad, Óscar Álvarez.
Alvarez dijo sentirse alarmado por el incremento de los secuestros que solo este año, que no ha terminado, ya superan los 45, contra cinco que se registraron durante el último año de su administración (2005).
“Si el crimen organizado, que el mismo ministro lo ha dicho públicamente, ha permeado la policía nacional en sus niveles de mando, es una situación delicada, la cual debe ser analizada y se debe poner un gran esfuerzo para depurarla”, expresó el ex funcionario.
Aunque al actual ministro Jorge Rodas Gamero se le ve alguna intención de combatir la delincuencia, debe actuar con mayor protagonismo dirigiendo operativos orientados más a la prevención que a la represión, sin bien esta última también es importante.
“Tiene que haber una definición estratégica de parte de la secretaría de Seguridad sobre cómo va a enfrentar este flagelo. Recordemos que lo que ayer era un delito prominente hoy no lo es porque la delincuencia evoluciona, mira los espacios que se le ceden”, dijo Álvarez.
Los culpables
Las autoridades de Seguridad le dieron oportunidad a la industria del secuestro para crecer. “La secretaría no se dio cuenta de que estaba resurgiendo y ahora se le ha convertido en un problema”.
En ese sentido, Álvarez sugirió impulsar cuanto antes una definición estratégica de cómo se va a enfrentar este flagelo.
“Mi recomendación respetuosa -añadió- es que deben crear una fuerza de tarea, llevar acciones no solo de inteligencia para buscar a los secuestradores, sino de contrainteligencia para ver si el crimen organizado ha penetrado a la policía”.
“Si la policía está penetrada, por mucho que hagan los buenos policías, no van a poder capturar a los secuestradores”.
Lamentó que el anterior ministro de Seguridad, Álvaro Romero, era más académico que operativo, es decir que pasaba más metido en su oficina que en las calles. Esto dio lugar para que el crimen organizado y común creciera.
Al delincuente hay que infundirle temor, hay que perseguirlo hasta ahuyentarlo si es posible del país. “La secretaría está muy pasiva, está esperando que suceda el delito para reprimirlo”.