Honduras
Tras ocho años de exilio el cura volvió. No obstante, la gente de Ajuterique prefiere que su visita pase en el más absoluto anonimato.
“Él viene en paz, no quiere problemas con nadie, trae todos sus papeles,” dijo Isabel Padilla, vecina de esta comunidad.
Dolores Alcerro es su anfitriona, una devota de Eduardo Velásquez quien dice que el cura se ganó la voluntad de todo el pueblo.
Alcerro pasó ocho años esperándole y ahora, mientras cocina el almuerzo, dice encontrarse feliz de tenerlo en su casa.
Ella es como una relacionadora pública que decide quién lo mira y quién no. Hasta aquí han llegado diversos medios de comunicación esperando entrevistarse con el controversial cura.
La gente de Ajuterique no le gusta la forma en que han publicado notas sobre el regreso de “su sacerdote”, donde lo señalan de una manera poco seria.
El pasado lunes, Velásquez afirmó a radioemisoras que probablemente le habían dado “agua de calzón” y por eso no podía vivir sin este pueblo.
Además, admitió que le han gustado las cervezas y que no es mezquino al momento de empinarlas.
El alcalde de Ajuterique, Mario Palencia, dijo ser respetuoso de la opinión del pueblo.
Ajuterique es una población de casas con techo de teja y calles de tierra.
El ahora esquivo cura Velásquez había salido presuntamente a realizar diligencias luego de su llegada el sábado 10 de enero.
Esa noche, según relatan testigos, hubo música y mariachis, un festejo por el regreso del cura pródigo.
Para el domingo hay otra celebración en la iglesia construida especialmente para él en el barrio Los Ángeles, hasta ahí llegarán “los peregrinos”, tal como han dado en llamarse sus fieles seguidores.
El padre Eduardo Velásquez, de origen guatemalteco, fue expulsado del país en 2001, luego de acusaciones tanto del sector religioso como de personas opositoras a su peculiar manera de impartir sus prédicas y homilías dominicales.
A su salida del país fue transferido a El Salvador pero sus feligreses continuaron en contacto con él vía teléfono.
Incluso hicieron excursiones para ir a visitarlo en el país vecino, llevándole ofrendas monetarias.
A su llegada, el padre Velásquez afirmó que como sacerdote diocesano está ahora bajo la autoridad del obispo Martín Barahona, de San Salvador, que rectora la parroquia Santa María Virgen de Ilopango.