Honduras
Detrás de cada huérfano hay tristes y conmovedoras historias.
Suyapa (nombre ficticio) es una joven muchacha que durante años ha vivido en el centro de internamiento para menores en riesgo social El Buen Pastor, ubicado a inmediaciones de El Zamorano, al oriente del país.
Ella llegó al centro después de haber sido abandonada, junto a sus cuatro hermanos, por su madre y su padre en una humilde aldea en Choluteca.
Primero fue su padre quien abandonó el hogar y más tarde su madre se enamoró de otro hombre y se alejó de todos.
Durante mucho tiempo estuvieron bajo el cuidado de algunos vecinos en la humilde aldea, sumidos en la pobreza y el abandono.
Al poco tiempo, Suyapa se vino a Tegucigalpa cuando apenas tenía 10 años de edad.
La menor anduvo de casa en casa, siendo víctima de abusos tras abusos.
Desde que abandonó a sus hermanos, todos menores edad que ella, nunca más volvió a tener noticias de ellos.
Sus padres
Suyapa solo recuerda que su madre se llamaba María y que a su padre lo llamaban Toño.
Antes creía que había nacido en Olancho, pero después conoció que en realidad nació en una aldea en el departamento de Choluteca.
“Yo quiero volver a encontrar a mis hermanos”, dice a EL HERALDO en repetidas ocasiones.
Suyapa fue llevada al centro que hoy se ha convertido en su hogar por una mujer que la conoció y la había contratado como doméstica en su hogar.
Desde entonces ella ha permanecido en el centro, en donde ha logrado estudiar.
Ahora sueña con volver a ver algún día a sus hermanos, continuar sus estudios y olvidar la mala pasada que le jugó la vida.
Suyapa solo es parte de la realidad que viven decenas de niños y adolescentes en el país que sufren la ausencia de sus padres por motivos de abandono o por muerte. Por ambas causas son considerados huérfanos.
Según Ruth Garay, directora de Centros Oriente del Ihnfa, ya se está trabajando en la búsqueda de los hermanos de Suyapa en el sector sur del país.
“Tenemos a nuestras trabajadoras sociales dándole todo el apoyo”, dijo.