Honduras
La vieja estructura que data de 1946 es una vergüenza para Honduras.
El destruido edificio donde funciona la aduana terrestre de El Amatillo que, según las autoridades locales genera el 60 por ciento de los ingresos aduaneros del Estado, se encuentra en condiciones deplorables.
Los cielos falsos, que están tapizados de agujeros por donde se cuela el agua en época de lluvia, amenazan con caer sobre la humanidad de miles de personas que a diario entran y salen por la frontera.
A esto se suma el mal estado de las instalaciones eléctricas y la falta de un sistema sanitario para atender la demanda del personal administrativo y de unas 120 familias que hay en la zona.
Las paredes, dañadas por la humedad, sirven de estante para los vendedores, que colocan ahí su mercadería.
Antonio Vásquez, alcalde de Goascorán, manifestó que el gobierno no invierte casi nada en mejorar las instalaciones, por donde entran y salen aproximadamente 3 mil personas desde las 5:00 AM hasta las 8:00 PM.
Crecimiento desordenado
Ubicada en la aldea del mismo nombre, municipio de Goascorán, en el departamento de Valle, a 140 kilómetros de la capital, este punto fronterizo es desde 2001 una aduana integrada con El Salvador, en el marco de la Unión Aduanera. Sin embargo, el deplorable estado y la insalubridad que abate a las instalaciones de El Amatillo ha ahuyentado a las agencias bancarias instaladas en su interior, las que se han ubicado en edificios propios. El alcalde de Goascorán teme que se desate una epidemia en la aldea, ya que al no haber baños públicos, las personas hacen sus necesidades al aire libre. Aunque existe un estudio valorado en más de 3.5 millones de lempiras para construir el alcantarillado, el proyecto no se ha llevado a cabo debido a la falta de financiamiento.
El Amatillo es una comunidad compuesta por pobladores que han venido del interior del departamento de Valle.
La aduana de el lado salvadoreño, que cuenta con un mejor edificio pronto será remodelado, mientras que la hondureña es una bomba de tiempo que sobrevive al paso del tiempo poniendo en riesgo la seguridad de miles de personas.
"Ya llevo 10 años viniendo aquí y esto sigue lo mismo", dijo Juan de Dios Munguía, un tramitador que a diario cruza la aduana.
* La cifra: Familias que residen en la aldea El Amatillo están expuestas a la contaminación.