Honduras
El ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya, estaba seguro de que podía permanecer hasta 10 años si quería en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.
Esta afirmación la hizo el pasado jueves, un día después de fallar en su intento de abandonar el país sin solicitar asilo político y sin ser capturado por fiscales y policías que lo esperan en las afueras de la representación diplomática de Brasil en Tegucigalpa.
Zelaya solicitó a México que le ayudara a salir de Honduras.
Los diplomáticos aztecas en Honduras gestionaron el salvoconducto ante la cancillería hondureña, pero sin establecer bajo qué estatus se llevarían al ex gobernante.
La controversia giró en torno a si viajaría como asilado o como huésped de honor.
La primera opción implicaba que Zelaya tendría restricciones impuestos por el país asilante y consignadas en la convención de Asilo Político.
"Yo puedo estar aquí diez años (en la embajada), aquí tengo mi guitarra", dijo el ex mandatario.
La canciller mexicana, Patricia Espinosa, admitió el jueves que en este momento las condiciones para que Zelaya vaya a México "no están vigentes".
"Por el momento, después de haber tenido una conversación telefónica anoche (miércoles) con el presidente Zelaya, todo parece indicar que las posibilidades de que este traslado se dé no están vigentes", dijo Espinosa.
Porfirio Lobo Sosa se ha negado a comentar en torno a la controversia.
"Desconozco toda la regulación diplomática, lo que sí es que el Congreso tomó una decisión (de rechazar la restitución de Zelaya) en el marco del acuerdo Tegucigalpa /San José y hay que seguir con los demás acuerdos", declaró Lobo.
Por su parte, el presidente Roberto Micheletti exigió, en un acto de ascenso a militares, que se respete el país.
"Yo quisiera pedirles a las naciones del mundo que respeten a este pequeño país, que si no tenemos dinero o no tenemos petróleo, aquí sobra la dignidad en cada uno de los hondureños", manifestó Micheletti.