Honduras
"Mamá, perdóname, cuidá a mi hermanito" fueron las últimas palabras de Jayson.
Un hongo que se alojó en su sangre fue la causa de que su vida se apagara.
Eran las 4:00 de la mañana cuando su madre, personal médico y de enfermería del hospital Materno Infantil presenciaron los últimos suspiros del pequeño de tan solo ocho años.
El llanto de su madre Cándida Espinal era desgarrador, pues unas horas atrás se había logrado completar el informe para trasladarlo a un hospital del extranjero.
"¡Ay hijo, yo quería llevarte a casa sano, nunca pensé que me dejarías!", lamentaba desconsolada y con el alma destrozada su progenitora, sobre el cuerpo de su hijo.
Su batalla
Y es que producto de las quemaduras que sufrió en el 52% de su cuerpo, tras la explosión de un candil, Jayson requería de tratamiento especializado.
Las visitas al quirófano fueron constantes durante los últimos 30 días debido a que el niño generaba diferentes infecciones en su cuerpecito.
La condición del niño era de sufrimiento, varias agujas permanecían conectadas a su frágil cuerpo y desde el 1 de diciembre, cuando sufrió el accidente, no pudo levantarse más.
La Sala de Quemados se convirtió en la casa del pequeño mientras luchaba por sobrevivir, pero un hongo (cándida) se introdujo en su organismo y lo llevó a la muerte. El menor fue trasladado a la aldea La Redonda, El Paraíso, donde será sepultado.
Tras conocer la noticia de su fallecimiento, la tristeza se apoderó de las personas que conocieron su historia, entre ellos los lectores de EL HERALDO que atendieron el llamado en favor de salvarle la vida al pequeño. Hoy queda tan solo agradecer y orar por la resignación de sus familiares.