Honduras
La celebración del 1 de mayo en la capital fue desnaturalizada al inyectarle sus organizadores un matiz político con la presencia de la resistencia liberal, que más se enfocó en pedir el retorno de Manuel Zelaya que en demandar derechos y conquistas para los trabajadores.
Fue tal el desplazamiento de la clase obrera, que en la marcha se flamearon más banderas cubanas y venezolanas que la hondureña.
En el estrado principal, ubicado frente a la pista de Toncontín, los principales espacios fueron ocupados por cuestionados extranjeros y dirigentes políticos como Carlos Eduardo Reina, quien fue desvisado por tráfico de personas y Rassel Tomé, que tiene causas pendientes con la justicia por incumplir fallos judiciales.
Los pocos dirigentes obreros que lograron subir a la tarima tenían que suplicar que les prestaran el micrófono para leer sus comunicados.
Así, los discursos se pronunciaron ante unas 5,000 personas reunidas en el lugar. Para cuando los dirigentes sindicales hicieron uso de la palabra, apenas había unas 2,000 personas.
La connotación política-ideológica tuvo su punto culminante cuando la ex primera dama Xiomara de Zelaya leyó una carta de Manuel Zelaya.
En pasadas marchas del 1 de mayo, auténticos obreros sacaron a empellones y con bolsas de agua a Patricia Rodas y a cuanto funcionario del gobierno de Zelaya se atrevió a intervenir en la marcha de los trabajadores.
Aunque el pueblo demostró masivamente que ama la democracia, en las elecciones de noviembre, Zelaya manifestó en su carta que mantiene viva la lucha por una constituyente.
La manifestación partió de la Universidad Pedagógica y concluyó frente a Toncontín. A su paso, la resistencia liberal dejó decenas de casas, negocios y bienes públicos dañados y manchados con pintura.
Acompañaron el recorrido dirigentes de colegios magisteriales, Bloque Popular y más de doscientos sindicatos afiliados a las confederaciones obreras.