Honduras
En su mirada hay tristeza, angustia y desconsuelo. El mar que durante años le ha permitido disfrutar de bellos atardeceres es el mismo que el fin de semana anterior dañó e inundó su casa.
"Nunca en mi vida pensé que poco a poco el mar me arrebataría mi hogar como lo está haciendo ahora, después de 19 años de haber construido con tanto esfuerzo esta casa donde habitaron mis cuatro hijos que ahora ya no viven conmigo".
Esta es la desesperación de doña Rosa Irma Cruz, una de las 1,750 afectadas por las marejadas que se están dando en la zona costera de sur del país.
Doña Rosa Irma siente que cada año que pasa está perdiendo su vivienda con las marejadas que invaden de arena su hogar y que, además, le provocan grandes pérdidas de dinero al dañársele sus enseres.
Su historia
Rosa Irma, de 58 años de edad y quien tiene 40 de vivir en Cedeño, hace 19 años decidió construir su vivienda con muchos esfuerzos a unas cinco cuadras de la playa y jamás se imaginó que varios años después estaría a punto de perder su casa porque el mar se la está devorando poco a poco.
La vivienda de la señora Cruz fue soterrada en más de la mitad. Su angustia la hace pensar que este será el último año que la infraestructura soporte ya que la presión de la arena es mucha.
El mar ha llegado a unos 20 metros de la casa de doña Rosa y cada año se acerca más.
La solitaria mujer vive de la pesca artesanal. Con mucho esfuerzo ha logrado comprar tres lanchas con las que genera empleo a pescadores de la zona.
La entrevistada relató a EL HERALDO que años atrás el mar también devoró la casa donde vivió su madre al dejarla enterrada en la arena.
"Yo sé que corro peligro estando en esta vivienda pero no me salgo porque aquí he viviendo toda mi vida y aquí realizo mis negocios de la pesca artesanal", aseguró la afectada.
Doña Rosa dijo que seguirá luchando contra la naturaleza a pesar de que las autoridades le piden que desocupe la vivienda por lo menos cuando se esté dando el fenómeno de las marejadas.
Confesó que después de varios años de ver las marejadas nunca había sentido tanto miedo como en esta ocasión ya que, según ella, esta fue más fuerte que las que se han reportado en otros años.
Según las autoridades de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), en esta oportunidad se registraron olas que llegaban a los 12 pies y se esperaba que pudieran alcanzar los 14 pies de altura.
"Soy madre de cuatro hijos que he podido sacar adelante con los esfuerzos que he hecho en esta casa que se me está perdiendo y espero que Dios me pueda dar más días en esta casa para continuar luchando por sobrevivir", dijo doña Rosa.
Traslados
En situación similar a la de doña Rosa se encuentran al menos 350 familias que han sido distribuidas en diferentes albergues en las comunidades de Cedeño, Los Delgaditos y El Edén, localidades que son las más afectadas con el fenómeno natural.
Los albergues ya se encuentran sumamente llenos, especialmente de niños y ancianos.
Las autoridades han tenido que trasladar hasta estos lugares colchonetas, alimentos y brigadas médicas para asistir a los damnificados.
Las escuelas Michell Hasbun y la Rafael Callejas son los lugares donde mayoritariamente han sido trasladados los afectados. Debido a la ocupación por parte de las personas afectadas se esperaba que para este día no hubiese clases en estos centros escolares.
En estos albergues se mantendrán hasta que las fuertes olas del mar se calmen y sus viviendas puedan ser habitadas, las autoridades comienzan a manifestar preocupación debido a que el número de damnificados ha pasado de 1,500 a 1,750 ya que han surgido más casas inundadas.
De igual manera comienzan reportarse complicaciones en la salud de los afectados. Enfermedades respiratorias y de la piel ya comienzan a hacerse presentes en niños y personas de la tercera edad.