Honduras
El momento no fue fácil. La llegada de los cuerpos de los hondureños que fueron asesinados en Tamaulipas, México, provocó en la población sentimientos de pesar, dolor e indignación.
La aeronave procedente del país azteca llegó a Honduras a eso de las 11:45 AM. como lo había anunciado el martes la Cancillería.
Líderes tanto de la iglesia católica como de la evangélica elevaron oraciones y animaron a los familiares a fortalecerse en Dios en momentos de tanto dolor.
El acto oficial fue encabezado por el presidente Porfirio lobo Sosa y el canciller Mario Canahuati.
Al llegar al podio, el mandatario leyó uno a uno el nombre de los compatriotas fallecidos para, posteriormente, expresar sus condolencias a los familiares.
Acto seguido, el presidente junto la primera dama de la República y al canciller Mario Canahuati, procedieron a la entrega de los féretros a cada uno de los dolientes presentes en la base aérea Hernán Acosta Mejía. El desconsuelo es evidente.
“¿Por qué, por qué?”, gritaba una dolida mujer mientras abrazaba la urna que contenían los restos de su esposo.
Varios niños y jóvenes también lamentaban la pérdida de quienes fueron sus padres.
“Llegamos juntos a México, caminamos muchos kilómetros pero a mí Migración me agarró; él logró escapar de las autoridades solo para ir a caer en las garras de esos asesinos”, relató “Billy”, un joven hondureño que viajaba en busca de una nueva vida junto a su amigo, quien pereció en la masacre de Tamaulipas.
Tras los actos presididos por el mandatario hondureño, elementos de medicina forense procedieron a abrir cada uno de los féretros para hacer, junto a sus familiares, el reconocimiento de cada uno de los cadáveres.
El gobierno instruyó a la Fuerzas Armadas de Honduras a colaborar con la logística para transportar los cuerpos hasta sus lugares de origen en diversos puntos del país.