Honduras
El Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) presentó ayer el estudio "Indicadores Internacionales de Corrupción, qué reflejan y qué omiten, el caso de Honduras", preparado por el consultor Frederic Boehm, francés-alemán.
El documento contiene indicadores que miden directamente la corrupción, como el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC). Este se basa en encuestas hechas a expertos y empresarios, con ellas se calcula un puntaje que refleja el grado de corrupción percibida en la administración pública y en la política.
Tal es el caso que Transparencia Internacional expone que Honduras obtuvo una puntuación de 2.4, lo que indica que solo 34 países (de 174) son más corruptos. A nivel centroamericano comparte con Nicaragua las primeras posiciones de corrupción.
En lo que respecta al indicador de gobernabilidad del Banco Mundial, expone que en los últimos diez años en Honduras no se observa una mejora ni deterioro de la corrupción.
"Honduras tiene un nivel significativamente más alto de corrupción que el promedio de la región", cita el informe.
A la cabeza
El Latinobarómetro también ofrece resultados nada halagüeños. Este mide "la temperatura", la manera en que la gente percibe la corrupción en su país. A la pregunta: ¿Cuántos funcionarios son corruptos? En Honduras los encuestados respondieron que de 100 funcionarios 81 son corruptos.
Este indicador ubica a Honduras en el primer lugar de América Latina, le siguen Guatemala, Argentina y República Dominicana.
Poco o nada se respondió en cuanto a la consulta sobre el progreso en reducir la corrupción en instituciones del Estado.
"Estos resultados son preocupantes. Reflejan que los esfuerzos del gobierno en la reducción de la corrupción o bien no existen o no se comunican de forma efectiva a los ciudadanos", cita el informe.
La confianza de los hondureños en su gobierno no es muy alta en cuanto a su compromiso en la lucha contra la corrupción.
Causas y recomendaciones
El informe expone que la debilidad y falta de independencia del sistema judicial, debilidad del control en procesos presupuestarios y la concentración de poderes económicos y políticos, son aspectos que abonan a la corrupción.
Al mismo tiempo, plantea que la competencia económica y política y la independencia judicial son factores que deben fortalecerse para debilitar las redes de corrupción. Recomienda, además, un uso eficiente de los recursos públicos, políticas para beneficiar al interés público, transparencia en procesos administrativos y sancionar a los corruptos.
Los indicadores internacionales ubican a Honduras como uno de los países más corruptos del mundo, sin que se fortalezca la lucha contra este flagelo.