Honduras
Se fueron con el corazón lleno de esperanzas y con lo único que regresaron fue con una bolsita de papel que contiene una pasta y cepillo dental, un desodorante y sus documentos. Esta es la historia de muchos compatriotas que se fueron a Estados Unidos buscando mejores condiciones de vida.
A diario se reciben en el aeropuerto al menos 150 compatriotas con el sueño truncado. En las afueras del Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR), algunos son recibidos por sus familiares. Sin embargo, la mayorÃa ni siquiera tienen el pasaje para llegar a sus hogares.
Entre los meses de enero a julio de 2008 se reportaron 17,150 deportados, 350 menos en comparación al año 2007, que fueron 17,500; el 90% de los deportados son hombres, mientras que el 10 por ciento restante son mujeres y niños.
Una baleada y la tacita de café es parte del recibimiento que se le da en el paÃs a los compatriotas deportados. Tienen derecho de realizar una llamada telefónica y en algunos casos se les proporciona el pasaje para que regresen a casa.
Algunos comparten sus historias, mientras otros esconden su frustración con una cara de enojo. "En cinco dÃas emprendo mi viaje de regreso a EE UU, no puedo quedar en Honduras porque sino mis hermanos y mi mamá se mueren de hambre", relató una joven que se identificó como Francis Karina.
Las deportaciones se han convertido en parte del diario vivir del paÃs, ante la indiferencia de las autoridades nacionales que se niegan a establecer polÃticas para establecer más empleos y asà evitar que los hondureños decidan realizar este viaje.
A diario se reciben en el aeropuerto al menos 150 compatriotas con el sueño truncado. En las afueras del Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR), algunos son recibidos por sus familiares. Sin embargo, la mayorÃa ni siquiera tienen el pasaje para llegar a sus hogares.
Entre los meses de enero a julio de 2008 se reportaron 17,150 deportados, 350 menos en comparación al año 2007, que fueron 17,500; el 90% de los deportados son hombres, mientras que el 10 por ciento restante son mujeres y niños.
Una baleada y la tacita de café es parte del recibimiento que se le da en el paÃs a los compatriotas deportados. Tienen derecho de realizar una llamada telefónica y en algunos casos se les proporciona el pasaje para que regresen a casa.
Algunos comparten sus historias, mientras otros esconden su frustración con una cara de enojo. "En cinco dÃas emprendo mi viaje de regreso a EE UU, no puedo quedar en Honduras porque sino mis hermanos y mi mamá se mueren de hambre", relató una joven que se identificó como Francis Karina.
Las deportaciones se han convertido en parte del diario vivir del paÃs, ante la indiferencia de las autoridades nacionales que se niegan a establecer polÃticas para establecer más empleos y asà evitar que los hondureños decidan realizar este viaje.