Honduras
Por más que los medios de comunicación nacionales y regionales acentúen las campañas para reducir el número de niños quemados que llegan a los hospitales, la imprudencia y el descuido siguen convirtiendo a los pequeños en víctimas de la irresponsabilidad de los mayores.
Ayer, los gritos desgarradores de José Antonio Domínguez, un niño de solo seis años, estremecían la sala de atención.
La noche del domingo, el pequeño se quemó la espalda, los glúteos y un brazo, luego que la jarrilla del café se le derramó mientras sus papás se ocupaban de tareas domésticas propias del área rural.
El hecho sucedió en la noche del domingo en el lugar conocido como El Progreso, de la zona montañosa de El Águila, pero, como no encontraron un carro que los llevara a Danlí, el menor tuvo que aguantarse el dolor toda la noche, según refirió su padre Santos Raúl Domínguez, ayer en el hospital Gabriela Alvarado.
“Si, es un descuido, son cosas que pasan cuando uno está poniendo atención a otros asuntos”, dijo el papá con franqueza, mientras prometía que de ahora en adelante tendrá buen cuidado para que no vuelvan a darse accidentes como el que dejó a su hijo con quemaduras que seguramente lo van a tener hospitalizado por varios días.
Suero hirviente
También se recuperaba en el hospital danlidense Bryan Hogan Rodríguez, un niñito de siete años, que se quemó un brazo y el pecho cuando se enredó en una silla y cayó sobre un recipiente que contenía suero hirviente, según refirió la tía de la criatura, Gladys Rodríguez.
Gladys dijo que en el hospital, los médicos y las enfermeras le brindaron a su sobrino una atención “excelente” y que el niño se estaba recuperando muy bien.
Ella dijo que todos en la casa se reprochan el accidente.
Cada año en Danlí se registran varios niños quemados con pólvora, especialmente en la temporada navideña.
En Tegucigalpa, la situación también es crítica.
Según Omar Mejía, jefe de la sala de quemados, en el Hospital Escuela se atienden aproximadamente 275 niños al año y en cada uno de ellos se invierte 10 mil lempiras.
Una de las mayores necesidades que se tiene es realizar la ampliación de las instalaciones físicas ya que donde se presta la atención a los infantes tiene 25 años y no ha sido remodelada.
“Para que una sala de quemados funcione con los estándares de calidad internacional se requiere de una inversión de cinco millones de dólares anuales”, dijo Mejía.