Honduras
“René” ya no trabaja de motorista, pero no es por el pleito que hay sobre el salario mínimo o porque los transportistas no escuchan sus peticiones. No. “René” dejó su trabajo porque no soportó el cobro del “impuesto de guerra” de las maras.
“Dejé de trabajar como motorista porque no me ajustaba el dinero, pues tenía que pagarle a los mareros el ‘impuesto de guerra’”, dice “René”, quien tiene miedo a revelar su identidad.
Ha trabajado en la ruta de buses de la Rivera Hernández, y después de haber recibido varias amenazas a muerte prefirió buscar otro lugar para vivir.
“Estoy buscando una unidad para volver al trabajo, pero me da miedo que dañen a mi familia”, expresó el afectado.
En este sector hay 40 unidades de transporte, pero no existe ninguna denuncia por extorsión.
Para trabajar tranquilos, los transportistas de la ruta 1 pagan 100 lempiras todos los viernes.
También los buses, rapiditos y colectivos de zonas como la Montefresco, la Unión, Even-Ezer, Los Castaños, la Fesitranh, San José Cinco y otros sectores son víctimas de extorsiones.
“Aquí no podemos hablar, esto es algo muy delicado y mejor nos quedamos callados”, expresó otro transportista.
Aunque la policía y dirigentes de transporte conocen el problema, son pocos los que se atreven a hablar de la inseguridad y el peligro que campea.
En Chamelecón, la delincuencia llegó a sus límites, pues los conductores han parado las unidades de la ruta 35.
El comercio no se salva
Las extorsiones se han extendido en todos los sectores. Los comerciantes también están siendo víctimas de este modus vivendi de los malhechores.
Tanto propietarios de pulperías, ferreterías, salones de belleza, centros comerciales, tiendas y otros negocios tienen que pagar desde 50 lempiras hasta 10 mil lempiras a los mareros, de lo contrario los asaltan y amenazan con matar a sus familiares.