Honduras
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) recibió con optimismo la iniciativa de los candidatos presidenciales de fortalecer la democracia y evitar a toda costa cualquier intento de desestabilización del estado de derecho.
Sin embargo, el fortalecimiento del sistema deberá comenzar con un cambio rotundo en el mecanismo de conformación de las mesas electorales receptoras, que por ahora siguen siendo la mancha negra de los procesos electorales.
Preocupados por los rumores que surgieron sobre un posible rompimiento del orden constitucional durante el proceso de nombramiento de los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los candidatos presidenciales se reunieron en el Congreso Nacional para asumir el compromiso de fortalecer y blindar el proceso electoral, apoyándolo económicamente.
Excelente, pero...
El magistrado del TSE, Jacobo Hernández Cruz, dijo que esta iniciativa es excelente, pero los candidatos presidenciales deben ejercer su influencia para solucionar primero otros problemas que afectan la pureza de las elecciones.
El primero es el nombramiento de los representantes de mesas electorales receptoras.
Es imperdonable que a casi 30 años de democracia el TSE, porque así lo dice la ley, siga entregando las credenciales en blanco para que los movimientos y partidos nombren a cualquiera para integrar las mesas electorales, lugar donde se cuentan los votos.
El Congreso Nacional deberá reformar la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas para dar al TSE la potestad de controlar mejor este sistema de nombramiento.
El deseo, dijo Hernández, es que el organismo rector de los comicios reciba un mes antes la lista de los propuestos para mesas, y que esto permita capacitarlos, inculcarles la responsabilidad que tienen y entregarles personalmente las credenciales.
La entrega de credenciales vacías se ha convertido en los últimos años en un atractivo negocio para algunos movimientos políticos porque sus dirigentes se han dedicado a venderlos a otros movimientos.
Pilar de la democracia
Para Hernández Cruz, las mesas electorales son el pilar del sistema institucional porque sus miembros son “quienes mantienen el orden o permiten el desorden el día de las votaciones; los que controlan que los electores porten y exhiban su tarjeta de identidad y que se encuentren registrados en el padrón electoral”.
Son, además, “quienes deciden los incidentes y prorrogan el horario de votaciones, los que validan o anulan votos, quienes hacen el verdadero escrutinio físico de los votos, los que levantan y firman el acta de cierre, extienden la certificación de resultados y quienes entregan al Tribunal Municipal todos los documentos y material electoral”.
En este contexto, la clase política debe preocuparse y darle a la democracia toda una aureola de transparencia nombrando gente responsable y capacitada en las mesas electorales.
Otro componente que deben tomar en cuenta los candidatos presidenciales y diputados que aspiran a una mejor democracia es el relativo a las comisiones electorales.
Estas comisiones (nacionales, departamentales y municipales) resultaron un total fracaso en las pasadas elecciones primarias.
Sus integrantes, políticos rurales sectarios, se dieron el lujo de manipular resultados, trastocarlos y esconder actas.
Debido a esta situación irregular, que empañó el proceso en el nivel de diputados, el TSE anuló todo lo actuado y ordenó un nuevo escrutinio basándose en las actas de cierre original.
Por cierto, los mismos políticos escondieron las actas correspondientes a 19 municipios (Partido Liberal) y 12 (Partido Nacional).
Los magistrados demandarán al Congreso Nacional quitarles el “derecho” de escrutar a estas comisiones departamentales -si no desaparecerlas- y volver al sistema de escrutinio centralizado.
El TSE es del parecer que el sistema “el más votado” en las primarias debe ser modificado creando “la integración proporcional de los movimientos” participantes.
De seguir como está, los movimientos grandes se llevarán la mayoría de diputados, beneficiados por “la plancha”.