Honduras
El gobierno de Porfirio Lobo Sosa debe impulsar cuanto antes una "política exterior propia" pero lo suficientemente efectiva como para complacer a la comunidad internacional, que demanda un nuevo giro, sin las huellas del pasado.
Para el analista político Efraín Díaz Arrivillaga, esta política en el nuevo contexto de las relaciones internacionales "todavía no está definida".
Díaz Arrivillaga, ex candidato presidencial, considera que el proceso de reconocimiento internacional será paulatino, progresivo.
"Honduras", dijo, "requiere de una política proactiva en función de cómo (el país) se ve en el contexto de las relaciones internacionales frente al resto de los países".
"Este año será de ir recomponiendo las relaciones y progresivamente normalizando su situación internacional tanto en lo político como en lo económico y social".
Para el entrevistado, lo importante es que el gobierno de Lobo Sosa "dé señales mucho más concretas de que efectivamente en el país se va a producir un cambio, y que no es meramente una continuación del pasado".
La configuración del gobierno debe representar realmente un cambio que impulse reformas políticas, sociales y que, efectivamente, "dé indicaciones- ya no tanto a la comunidad internacional- sino entre los hondureños de que estamos ante las puertas de un nuevo punto de partida".
Su deseo, dijo Díaz Arrivillaga, es que "haya una especie de encuentro entre lo que la comunidad internacional quiere y lo que el país quiere, tanto ahora como en el futuro".
OEA, UE y Grupo de Río
Mientras a Lobo Sosa la Unión Europea lo está invitando a una cumbre, los países miembros del Grupo de Río no lo toman en cuenta.
Sobre el particular, Díaz Arrivillaga considera que es cuestión de enfoque sobre cómo se ve en la comunidad internacional los sucesos del 28 de junio.
Honduras será reincorporada a la OEA pero no será a corto plazo, "no avizoro que sea un proceso tan rápido. Dependerá mucho de cómo evolucionan los acontecimientos y cómo los países van cambiando. Hay distintas visiones y posiciones", dijo el entrevistado.
Brasil, Nicaragua y Venezuela siguen siendo los países más reacios en aceptar la voluntad soberana de los hondureños.