El día se prestaba para realizar una sesión perfecta de fotografías, y no podia haber mejor lugar que el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica, para comenzar una amena plática entre una joven pintora y una periodista deseosa de saber qué hay en ese mundo de pinceles y paletas de colores, tal vez algo tenía en común un lienzo en blanco y una historia por escribir.
Pamela es esta joven artista que desde pequeña dio sus primeros pininos en el mundo de la pintura, una mujer que describe su mundo en azul y su mayor inspiración nace una tarde en el mar.
Entre pinceles y cuadrados a medio terminar comenzamos con la entrevista, así nos mostró a una mujer sensible, capaz de trasformar al mundo a través, de su pintura.
Ella recuerda desde pequeña con un pincel entre sus manos.
A temprana edad comenzó a recibir clases de pintura, un momento que disfrutaba entre amigas. Al pasar el tiempo fue parte de las asistentes de su maestra, su recompensa, el poder quedarse después de clase pintando todo lo que a su mente llegara, sin pensar en el tiempo, más que en echar a volar su imaginación. “Uno de mis principales apoyos en esta pasión por la pintura es mi madre, ella nunca permitió que yo dejara de pintar, siempre me incentivó a cultivar mis destrezas”.
Esas destrezas la han llevado a exhibir un sinnúmero de pinturas en exposiciones Nacionales y Centroamericanas, y además la han impulsado a crear su propia escuela de pintura.
“Hace dos años decidí formar mi escuela de pintura, deje atrás la mercadotecnia y me decidí por el arte, por tener algo propio que me dejara desarrollarme en lo que más me apasiona: la pintura; y tomé el ejemplo de mi tutora, Carolina Carías”.
El aventurarse a tener su propia escuela fue algo que la orilló a dejar su profesión como mercadóloga.
En un país en el que el arte no es precisamente la mejor fuente de ingreso, te arriesgaste y dejaste tu profesión, ¿cómo tomas esa decisión?
Me di cuenta que mi carrera no me haría feliz, y que en un futuro no podría estar cerca de mis hijos si me desarrollaba en una oficina, así que me decidí por la otra opción; el talento que Dios me había regalado. Muchas personas no ven las artes como una opción a ejercer, ya que a muchos no les incentivan a practicarlo. Pero esto como artistas nos motiva más a querer desarrollarlo, para mostrar a los demás que vale la pena desarrollar este talento. Es más, yo trato de que mis alumnos, cada vez más, le encuentren sentido a su pasión por la pintura. Que el momento en el que se sientan a pintar un cuadro sea un instante único en el que pueden echar a volar su imaginación y mostrar su creatividad.
¿Les enseñas cómo comenzar una pintura y cómo disfrutar lo que están haciendo, pero ¿cuál es el límite?
El tiempo, este se va volando cuando empiezas a pintar, no quieres parar.
Hablando de tiempo, estás felizmente casada y tienes un niño de dos años, ¿cómo divides tu agenda entre la escuela y tu vida personal?.
Dios me ha bendecido con un hombre comprensivo, que es mi apoyo y compartimos muchas pasiones, divido el tiempo dedicando las mañanas para el hogar y mi hijo y las tardes para el trabajo.
¿Qué es lo que más disfrutas de tu profesión?
Ver el resultado final de cada cuadro y la satisfacción personal del alumno al ver terminado su esfuerzo, esto es lo más gratificante.
De todas las pinturas que has realizado ¿cuál es la más representativa?
Un cuadro en el que pinté la historia de mi esposo y yo. Se lo pinte a él cuando éramos novios.
¿Qué proyectos tienes para este año?
En este momento tengo proyectos a futuro de trabajar con arte acción, un programa sin fines de lucro donde todos podemos participar para llevar cultura, arte y educación a sectores menos privilegiados. Además seguir especializándome en mi campo. También tengo que darle tiempo a mi escuela es un bebé aún solo tiene dos años de existir y tengo que dar mi mayor esfuerzo para verla crecer.
