Honduras
Cada lunes las estudiantes entregan un puñado de tortillas. En ocasiones también agregan una libra de malanga, camote u otro tipo de verduras que se cosecha en sus comunidades.
Este es el único aporte que realizan como ayuda en especie para el centro de enseñanzas que les brinda una oportunidad de estudios.
Las adolescentes permanecen en el instituto de lunes a viernes, pues funciona en la modalidad de internado.
Son 26 alumnas las que fueron recibidas este año, en su mayorÃa provenientes de hogares de escasos recursos económicos, situación que las limitaba para ser matriculadas en un colegio luego de culminar la primaria.
Otra de las limitaciones con que contaban es que en sus aldeas no existen centros educativos que brinden la formación secundaria, por lo que algunas para poder llegar a un instituto a diario tendrÃan que caminar varios kilómetros a pie. Poder brindar mayor seguridad a los jóvenes, además de apoyarles con educación gratuita fueron los elementos que consideró el sacerdote Ferdinando Castriotti para decidir construir este centro, explicó Walter Lorenzo, director.
El instituto fue inaugurado en 2008, en la comunidad de CofradÃa, en la carretera que conduce al municipio de Alauca. El internado funciona a unos cinco kilómetros de la ciudad de El ParaÃso.
"Somos seis maestros los que trabajamos en la institución, dos ad honóren y cuatro que son pagados por la Iglesia Católica", dijo Lorenzo.
Las clases que se imparten es a nivel de ciclo común, también reciben formación en talleres como corte y confección y manualidades, además de la formación en la fe.
Clases
En este centro educativo la suspensión de clases no forma parte de la curricula, pues aunque los institutos públicos no estén en servicio las labores no se estancan en el interior del internado. Unos 20,000 lempiras semanales se invierten en el mantenimiento del centro.
Yojana Sandoval, alumna, manifestó que sus padres habÃan decidido no matricularla este año, pues son cuatro hermanos y todos estarÃan en niveles superiores. "Mi papá trabaja como vigilante y lo que gana no ajustaba para poder sostenernos a los cuatro hermanos en un colegio", dijo Sandoval.
Pero gracias a la colaboración de las autoridades del centro educativo, Yojana, pudo lograr un cupo en el primer año de ciclo común.
"Nosotros nos sentimos agradecidas, pues nos dan una oportunidad para formarnos", concluyó.