Honduras
El llanto se queda en casa, la fiesta no permite lágrimas, pese a que se visita a los parientes difuntos.
Lo que sí está permitido es la luz de las velas, los ramos de flores y un exquisito almuerzo. El detalle más esencial será la música de conjunto, se solicitará la canción que más le agradaba al fallecido.
Y es que en el municipio de Langue cada 2 de noviembre los cementerios se llenan de alegría, abundante comida y permanente música de cuerda. Para los que por primera vez visitan la comunidad el festejo les causa gran impresión, mientras que los lugareños disfrutan al máximo de la tradicional celebración.
Los camposantos permanecen abarrotados desde el amanecer, llegan visitas de todas partes del país para honrar a los que se despidieron del mundo.
La tradición se ha mantenido con el transcurrir de los años y algunas familias llegan desde la mañana y se retiran hasta el anochecer.
Mercedes Hernández, originaria de Langue, al llegar al lugar donde descansan los restos de su padre, pidió a los músicos cantar la "Cruz de madera". "Era la canción preferida de mi papá, vine desde Puerto Cortés, no me he olvidado de mi padre y todos los años llego con mis hijos y hermanos a alegrar el alma de mi viejito", dijo Hernández.
Según la señora, espera mantener la tradición de llevar serenata a la tumba de sus familiares hasta que muera.
"La tradición no decae, más bien aumenta", dijo Carmen Alvarado, músico de uno de los conjuntos musicales.
En el cementerio municipal unos 10 grupos artísticos amenizaron el tradicional festejo. El costo por el acompañamiento musical era de 600 lempiras la hora. Unas 11 melodías bajo el sonido de guitarras, bajos, maracas, violines y tumbas completan la hora de actividad artística en cada sepultura. "Esto depende de los familiares, a veces nos contratan por más tiempo y el repertorio incluye más canciones", dijo Alvarado.
En la comunidad además es común que los entierros se realicen con música de banda.
Ventas
En las afueras de las necrópolis el comercio es cada vez más abundante. La fecha se convierte en propicia para agenciarse unos cuantos lempiras, según los vendedores. En los lugares se puede adquirir una variedad de platillos a precios bajos, así como productos para adornar los nichos de los difuntos.
Leonor Cruz, propietaria de uno de los puestos de coronas, dijo que desde las tres de la mañana ha permanecido en el lugar, pues desde ese momento llegan las visitas.