o primero es lo primero. Lo que se consiguió en Copa Oro realmente es ganancia. Con un partido de preparación, 22 unidades de entrenamiento y medio hospital en el equipo, Honduras llegó hasta lejos en la competencia.
La diferencia la hizo la mentalidad ganadora del entrenador Luis Fernando Suárez, quien ha llegado a Honduras a devolverle a la Selección su identidad.
Se alcanzó la semifinal y Honduras solo le avisó a sus rivales de Concacaf que su nivel está allí, entre los primeros tres (como lo mandó la clasificación al Mundial pasado en Sudáfrica y como lo dicta cada mes el ranking de la FIFA), y que con la continuidad del trabajo se volverá un equipo mucho más fuerte y avanzado de lo que ya logró hacer en los últimos 5 años.
Perder ante México nos ubica en la página que hasta ahora nos han enseñado a leer este libreto. Honduras es Honduras y México es México. Claro.
Acá no valen más excusas que el tiempo que perdió la federación en arrancar el proceso tras la destitución de Reinaldo Rueda, el interinato del Cuate Juan de Dios Castillo y los breves pasajes de Javier Padilla y Reynaldo Clavasquín; mientras México definió en un tiempo prudencial a su entrenador José Manuel de la Torre.
Es cierto, se ganó la Copa Centroamericana en enero, pero en dicho torneo la H solo tuvo un rival, y ese se llamó Costa Rica. ¿Quedó claro?
Lo bueno de la H
Sacamos conclusiones.
Punto uno:
El DT nos ha demostrado que con más trabajo la idea es clara. Honduras tiene para más. Mucho más.
Punto dos:
Roger Espinoza demostró de una vez por todas que es jugador de selección nacional.
Punto tres:
Boniek García se proclamó como el mejor jugador de Honduras dentro de la Liga Nacional. Sigue pidiendo camisa de legionario.
Punto cuatro:
Javier Portillo llegó para convencer al entrenador de que es una alternativa valida para el proceso.
Punto cinco:
Wilson Palacios volvió a jugar con la Selección desde el Mundial de Sudáfrica; 10 minutos, pero jugó. Punto seis:Dejemos trabajar a Suárez, eso es todo.