Cada vez hay un mayor número de personas divorciadas que, con el paso del tiempo, encuentran una nueva pareja. Si después de una separación, de mutuo acuerdo o no, ya resulta difícil empezar de nuevo, las cosas pueden complicarse aún más si uno de los miembros o ambos aportan hijos de la primera relación. Sin embargo, el hecho de que aparezcan ciertas dificultades para la readaptación de adultos y pequeños a la nueva estructura familiar no significa, necesariamente, que la presencia de los niños sea un factor negativo o perjudicial. Al contrario. Con frecuencia resulta beneficioso para los hijos que su padre o su madre encuentren una nueva pareja.
“Las familias ensambladas son aquellas en las que conjuntamente con sus hijos, mis hijos y con los que tendrán la nueva pareja, forman una nueva sociedad en donde la convivencia crea una problemática a quienes pasan a compartir sus vidas, o los que la embellecen con su diversidad porque suman para potenciar una dinámica familiar”, dice la psicóloga Nancy Banegas.
Y además agrega: “Mientras tanto, los nuestros, los que se conciben con la pareja actual, que también son tuyos, míos y nuestros, pasan a mediar para equilibrar o no las relaciones grupales de estos hijos del tercer milenio, porque finalmente, los nuestros son hermanos de los tuyos y de los míos. Sin embargo, muchas de estas nuevas relaciones fraternales, filiales y paternales, suelen funcionar con complicados conflictos no fáciles de resolver”.
Los especialistas estiman que el 80% de las parejas que se separan vuelve a intentar convivir con una nueva pareja; y hasta se calcula que el número de familias ensambladas es casi igual al de familias nucleares. El que una pareja se aventure a criar en un mismo hogar a todos sus hijos, no garantiza la armonía y buena comunicación en la misma. Es importante inicialmente que exista transparencia con los suyos, comuníqueles que luego de sufrir una separación, ya sea divorcio o viudez, desea decidir en familia que compartan con usted la alegría de querer conformar con la nueva pareja una familia.
La comunicación
“Debe conocer a este nuevo miembro y sus hijos, sin sentirse amenazados de que ocuparán un lugar más importante dentro del hogar. Es acá donde empiezan los conflictos, ya que se enfrentan al miedo y deciden actuar por impulso y rechazar cualquier acercamiento por parte de su nueva familia. No es un proceso fácil, se requiere mucha paciencia y establecer normas y reglas nuevas dentro del hogar, con la mayor naturalidad y confianza posible”, comenta la especialista.
Cuando los dos miembros de la pareja tienen hijos. En el caso de que ambos tengan hijos de su relación anterior pueden agudizarse aún más ciertas cuestiones con la aparición de la rivalidad entre ellos. Por tanto:
1. Hay que evitar obligar a los niños que se quieran o se conviertan en hermanos, es preferible que se vayan relacionando progresivamente y respetar sus sentimientos y opiniones.
2. Es normal que cada hijo tenga más confianza con su propio progenitor, por lo menos durante los primeros tiempos, y también es positivo que tengan ciertos momentos para compartir juntos.
3. Dejar que manifiesten sus celos y rabia en lugar de que traten de negarlos.
4. No será extraño escuchar lamentos y quejas de ser discriminados o peor tratados que el otro hijo. Los niños que conviven con sus padres y sus nuevas parejas suelen poner más de manifiesto esta situación familiar, sobre todo en momentos de desacuerdo y enfado.
5. De entrada, no subestimes nunca sus quejas y escucha atentamente sus motivos. Es importante que los niños sepan que sus demandas son atendidas, pues en esos momentos se sienten emocionalmente heridos. De este modo, percibirán que tienen un lugar específico en el nuevo esquema familiar, independientemente de las medidas que se tomen respecto a sus quejas.
¿Cuál es tu caso?
En cualquier caso, siempre debe tenerse en cuenta la realidad de los niños ya que son las personas más frágiles de todo este entramado y, si bien para los adultos encontrar un nuevo compañero o compañera supone la posibilidad de rehacer su vida de pareja, para ellos implica un cambio importante y no siempre fácil de asumir.
Paciencia
Para que estas nuevas relaciones y vínculos tengan un buen inicio y desarrollo se necesita una gran dosis de paciencia, comprensión y comunicación, así como un tiempo adecuado para que todas las partes puedan elaborar sus fantasías y temores. Solo después de haber hecho un cierto recorrido podrán valorarse los efectos de la nueva situación.
La aceptación
Los mayores deben entender que, al principio, los niños pueden rechazar a la nueva figura, cuestionando sus atribuciones y la autoridad que se le pretende otorgar. Los niños, inconscientemente, perciben a la nueva pareja de sus padres como un rival o presunto sustituto. No hay que caer en la trampa de sus provocaciones ni presionarles para la acepten rápidamente.
Inseguridad
Tampoco debe olvidarse que a los pequeños este cambio puede hacerles sufrir y les provoca cierta inseguridad ya que se confirma para ellos la pérdida de sus padres biológicos como pareja.
Las diferencias
Es conveniente diferenciar los roles de cada uno de los implicados. No se trata de ponerse en el lugar del padre o la madre ya que nunca podrán ser del todo sustituidos. Es preferible tratar de potenciar y aceptar la relación con el progenitor que no vive con él, ya que tiene un lugar incuestionable dentro de su psiquismo.
Cumplir normas
Las decisiones más importantes sobre la educación del hijo deberían ser consensuadas por el padre y la madre aunque estén separados, lo que no excluye que se le deba hacer entender que ha de cumplir las normas de la nueva familia.
Decisión
El niño debe poder elegir el tipo de relación que desea o puede mantener con la nueva pareja de su padre o madre. Por tanto, no hay que imponerle que le llame “papá” o “mamá”, ni criticarle si se dirige a él por su propio nombre.
Recomendaciones experta:
1. Aceptar las relaciones surgidas de las familias ensambladas aparece como el primer paso para superar las problemáticas que este nuevo modelo les plantea a sus integrantes y a toda la comunidad de “los tuyos, los míos y los nuestros”.
2. La familia ensamblada obliga a tolerar las diferencias y a ofrecer nuestras virtudes, ya sean la tranquilidad, la solvencia económica, el humor, una familia extendida que respalda, la simpatía, la disponibilidad para el diálogo o lo que sea que acreditemos en beneficio de todos.
3. Hay momentos complicados; pero con planificación, tiempo y generosidad, es posible lograr una convivencia armoniosa. Es más, dicen que las familias ensambladas son el triunfo de la esperanza sobre la experiencia.
4. Los padrastros de los hijos no deberían tratar de ser demasiado complacientes ni intentar ser simpáticos con los hijos de su pareja, y, según su opinión, los padres biológicos deberían hacerse un espacio para hablar con sus hijos a solas más allá de la convivencia que comparten con la familia ensamblada.
